La transexualidad siempre ha existido y los transexuales (tanto masculinos como femeninos) también, tanto en el tiempo como en el espacio. En cambio, lo que ha variado entre las diferentes culturas y diferentes épocas históricas es el trato que esta recibía por parte de la sociedad en la que se encontraba ubicada, así podemos observar sociedades que la toleraban e incluso la idolatraban y adoraban, o bien sociedades que la marginaban e incluso la perseguían.

Lejos de negarla y reprimirla como hace nuestra sociedad actual basada en la moral cristiana (occidental y capitalista), muchas culturas han respetado el hecho transexual como un fenómeno distinto de los demás, e incluso lo han llegado a atribuir a la inspiración divina predestinando a los personajes transexuales a ejercer de lideres políticos y jefes espirituales de sus respectivas sociedades tribales. Estos fenómenos se han podido observar en muchas tribus americanas, asiáticas y africanas, e incluso, en nuestra tan civilizada Europa, ésta también fue vista como algo natural, aunque sólo fuese en sus inicios históricos.

Tan sólo la llegada del cristianismo y el poder que este ha llegado a alcanzar en la sociedad europea, y occidental por extensión, han cambiado nuestra visión acerca de este concepto, tan antiguo y a la vez, tan desconocido para el hombre actual que se jacta de vivir en una sociedad hiperinformada, lo cuál no deja de ser paradójico, en mi opinión. De hecho, hasta bien entrado el siglo XX, diversos antropólogos habían podido observar la persistencia de este fenómeno, especialmente en zonas aisladas, y que se habían podido mantener alejadas de la influencia cristiana. Estas tribus todavía trataban (y tratan) a los berdaches (nombre que recibió el chaman transexual por parte de los primeros europeos, en el Nuevo Mundo) cómo seres respetados.

Existen numerosos y extensos mitos que participan del fenómeno transexual, por tanto lo más lógico y probable es que este fenómeno, ya conocido desde tiempos inmemoriales, haya sido objeto de culto y reverencia, o cuánto menos de fascinación y tolerancia, en tanto que implica una forma distinta de interpretar la dicotomía hombre/mujer bajo la cuál hemos indefectiblemente de acomodarnos. En otras palabras, esta manifestación cuestiona al genero, como derivado, exclusivamente e indisolublemente, del sexo genético y, por tanto, sus estereotipos culturales y sus roles sociales. En definitiva, cuestiona el rol que se le da de antemano a un ser humano ya desde su nacimiento por razón de su género (que para la mayoría de la gente es el sexo del recién nacido, vagina o pene), sin que este pueda elegir (con el tiempo y a medida que su personalidad va desarrollándose) el rol que prefiere y al que se siente más unido, a pesar de no ser necesariamente el establecido en el período de su nacimiento por razón de la observancia de sus genitales.

Existen numerosos y extensos mitos que participan del fenómeno transexual, por tanto lo más lógico y probable es que este fenómeno, ya conocido desde tiempos inmemoriales, haya sido objeto de culto y reverencia, o cuánto menos de fascinación y tolerancia, en tanto que implica una forma distinta de interpretar la dicotomía hombre/mujer bajo la cuál hemos indefectiblemente de acomodarnos. En otras palabras, esta manifestación cuestiona al genero, como derivado, exclusivamente e indisolublemente, del sexo genético y, por tanto, sus estereotipos culturales y sus roles sociales. En definitiva, cuestiona el rol que se le da de antemano a un ser humano ya desde su nacimiento por razón de su género (que para la mayoría de la gente es el sexo del recién nacido, vagina o pene), sin que este pueda elegir (con el tiempo y a medida que su personalidad va desarrollándose) el rol que prefiere y al que se siente más unido, a pesar de no ser necesariamente el establecido en el período de su nacimiento por razón de la observancia de sus genitales.

WalkiriasEn lo que se refiere a Europa, existen muchos mitos y leyendas que hablan de la transgeneridad, ya desde los griegos y romanos, e incluso antes, en las culturas escandinavas y germanas. Por ejemplo, existe el mito escandinavo de las Walkirias, que eran famosas vírgenes guerreras que combatían en las batallas, muy adoradas por los artistas, como se observa por las numerosas pinturas en las que aparecen alegóricamente, e incluso, hasta tienen más de una opera dedicada por el mismísimo Wagner. Mujeres guerreando encima de sus caballos, con sus armaduras puestas, y blandiendo sus espadas al enemigo, reflejan claramente el hecho de que ocupan un rol básicamente masculino. Por tanto, están transgrediendo las normas básicas sociales
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