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RESUMEN |
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Uno de los mayores descubrimientos de Freud es el de que
la vida sexual del ser humano no está predeterminada ni en las formas que
adopta ni en los partenaires que busca, ni siquiera en el modo según el
cual se sitúa el individuo en relación a la oposición de masculinidad y
feminidad. En este sentido la noción de “Elección” es parte integrante del
psicoanálisis.
Más es precisamente en el seno del movimiento psicoanalítico donde ha
surgido una contestación con pretensiones radicales: la de R. J. Stoller.
Apoyándose en primer lugar en la observación de aquellos “transexuales”,
que aún poseyendo una anatomía carente de ambigüedad se sienten
íntegramente pertenecientes al otro “género”, y precisamente a partir de
estos sujetos de observación que tienen un alma de mujer dentro de un
cuerpo de hombre, Stoller desarrolla una teoría que hace necesarias toda
una serie de hipótesis poco compatibles con el proceso puesto al
descubierto por el psicoanálisis.
Era labor de Agnés Faure- Oppenheimer alcanzar a partir del pensamiento de
Stoller una visión de conjunto que se echaba en falta por todo el público
interesado. En un trabajo de la mayor fecundidad el autor pone en cuestión
las mencionadas tesis y su misma metodología, denunciando especialmente la
alianza de un empirismo que suele llevar a no cuestionarse nunca las
afirmaciones manifiestas del paciente, con un apriorismo nosógico que ,
definiendo por decreto los perfiles de un síndrome, renuncia precisamente
a lo más instructivo: variaciones, transiciones, manifestaciones atípicas
y relaciones comparativas. La oposición sexo-género, se pone así en tela
de juicio, con lo que ni siquiera el propio Stoller podrá permanecer
imperturbablemente fiel a ella, en razón a la inaceptable dicotomía que
establece entre un sexo puramente somático y un género exclusivamente
físico... ¿Dónde situar entonces la sexualidad?
Como emblema de la fábula que Stoller ha pretendido construir, apoyándose
únicamente en la inmediatez de los datos, he aquí la figura sobrehumana,
angélica, del transexual, el único de todos los humanos, que como por
milagro –y a pesar de la desgarradora alternativa a la que ha tenido que
enfrentarse-, no conocería ni la evolución conflictual de la sexualidad
infantil, ni los sucesivos avatares de las múltiples identificaciones, ni
la angustia de la castración, ni el complejo de Edipo... ¡Como si fuera un
ser sin inconsciente!
Tomando en cuenta con la debida comprensión y sus condicionantes las
observaciones de Stoller, Agnés Faure-Oppenheimer ha sabido mostrarnos de
qué manera pueden contribuir al crecimiento y desarrollo del edificio
analítico en lugar de convertirse en el germen de su ruina.
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