martes, 08 de marzo de 2005

 

Unos 400 pacientes esperan para cambiar de sexo en Andalucía

El hospital Carlos Haya, de Málaga, es el único centro público español que ofrece tratamiento integral para pacientes con problemas de transexualidad

mujer. Jessica, en la sede del Colectivo de Gays y Lesbianas de Málaga.

 

"Me preguntaron y contesté que quería ser una mujer, no convertirme en una Barbie"

LEONOR GARCÍA
 

MÁLAGA. Un centenar de transexuales están en lista de espera en el Hospital Carlos Haya de Málaga para someterse a una operación de cambio de sexo. Hay otros 300 que todavía no han culminado el tratamiento previo a la entrada en quirófano, pero que ya están recibiendo atención psicológica y endocrinológica para adecuar su físico a su sexualidad emocional. Los expertos insisten en desterrar los prejuicios sobre estos pacientes al reiterar que se trata de una enfermedad, no de un capricho. De hecho, resaltan que los transexuales perciben su cuerpo como una cárcel que los mantiene encerrados en el sexo equivocado.

Desde que se creó la Unidad de Trastornos de Identidad de Género (UTIG) en octubre de 1999, se han operado un total de 68 transexuales. Según la definición de los especialistas y en términos humanos, 68 personas han adecuado su cuerpo a su verdadera identidad sexual. De esa cifra, 55 se han intervenido para pasar de hombre a mujer y 13, de mujer a hombre.

La razón de que en las listas de espera haya más transexuales de un tipo que de otro es doble. Por un lado, el transexualismo de hombre a mujer es más frecuente. Se da un caso por cada 40.000 habitantes. El caso contrario se da uno por cada 100.000. Pero existe una segunda razón: los resultados quirúrgicos son mejores en la llamada genitoplastia feminizante (hombre a mujer) que en la genitoplastia masculinizante.

El Carlos Haya fue el primer centro público y sigue siendo el único de España que da cobertura integral –psicológica, endocrinológica y quirúrgica– a la patología. En otras comunidades autónomas, la asistencia se limita a los casos en los que existen malformaciones (intersexualidad). El hecho de que la prestación dentro de la sanidad pública sólo se ofrezca en Andalucía provoca que en torno al 15 por ciento de los pacientes tratados en Málaga –unos 60– procedan de otras comunidades. La Consejería de Salud andaluza ha planteado en más de una ocasión en el Consejo Interterritorial que esta prestación sea asumida por cada autonomía, pero la propuesta ha caído reiteradamente en saco roto.

Esta afluencia desde otras comunidades, la bolsa histórica que había de transexuales y el hecho de que sólo se hagan de media entre dos y cuatro intervenciones por mes impide achicar la lista de espera. De hecho, una vez que han completado el tratamiento psicológico y endocrinológico, estos enfermos suelen aguardan la intervención casi tres años.

El programa del Servicio Andaluz de Salud (SAS) supuso en su día un gran avance en dos sentidos. Primero, porque reconoció al transexualismo como una patología –ya había sido definida como tal en 1949– y segundo, porque le dio un tratamiento multidisciplinar. Hasta entonces, los centros privados priorizaban el aspecto quirúrgico o endocrinológico.

Las intervenciones de cambio de sexo –reasignación de sexo, como gusta precisar a los especialistas– fueron despenalizadas en España hace relativamente poco tiempo: en 1983. Antes de esa fecha, se tipificaban como delito de lesiones. Esta penalización contribuyó más aún a la marginación del colectivo. Pero la legislación ha evolucionado y también las sentencias. En 1987, el Tribunal Supremo (TS) se pronunció por primera vez en el caso de un transexual que pidió modificar su nombre. El TS le reconoció ese derecho, aunque le negó la equiparación total con su nuevo sexo, bloqueando su posibilidad de contraer matrimonio. Aquel fallo judicial fue cuestionado porque definía a la demandante como "ficción de hembra", pero supuso un paso adelante al acotar que "el Derecho también extiende su protección a las ficciones".

En estos casos, la ciencia ha ido delante de la justicia: era posible convertir un hombre en mujer –y viceversa–, pero cambiar el sexo o el nombre en el carné exigía una batalla titánica en los tribunales. Las cosas empiezan a cambiar. Cada vez son más frecuentes los pronunciamientos judiciales que reconocen el derecho a modificar el nombre aún cuando el transexual no se ha operado. En estos cambios ha sido decisivo el tesón que los afectados han puesto no sólo por adecuar el DNI a su identidad sexual, sino también por dejar la polémica en manos de los jueces.

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