Sexo, género y sexualidad

Antes de diferenciar sexo y género, cabe definir algunos conceptos por separado. Nos encontramos ante varios tipos de sexo: el biológico, el psicológico y el social.
En primer lugar el sexo biológico, que es la suma de todos los elementos sexuados del organismo. Consta de varios elementos o subtipos de sexo.
Así, tenemos:

Los cromosomas: aportan la información genética. Habitualmente, en el hombre son XY y en la mujer XX. También se puede hablar de sexo cromosómico o genético.



Las gónadas: son las glándulas sexuales del organismo. Pueden ser testículos u ovarios, y son las responsables de la secreción de semen u óvulos, respectivamente. También se le llama sexo gonadal.

Los genitales: son las partes externas del aparato genital: pene, escroto, clítoris, vulva. Es e llamado sexo genital.

La anatomía o distribución de los órganos del cuerpo humano es el llamado sexo anatómico
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La morfología o forma del cuerpo humano. También llamado sexo morfológico.

Las hormonas sexuales: son sustancias producidas, básicamente, por las gónadas, y que actúan sobre los órganos y tejidos de muy diversas maneras. Son las responsables de los caracteres sexuales secundarios. También se puede hablar de sexo hormonal.

En segundo lugar aparece el sexo psicológico, que es lo que la persona siente en su interior. Es el responsable de la identidad sexual.
                                                                                                        
En tercer y último lugar, aparece el sexo social, que es el género o sexo público. Es el responsable de la identidad de género. Este último eslabón es un constructor social que hace que unos comportamientos, juegos o formas de vestir estén consideradas como propias de hombres y otras como propias de mujeres.

La identidad sexual es la identificación con un determinado sexo (sentirse hombre o sentirse mujer), y la identidad de género es la asunción y manifestación de lo que se siente, en base a unas normas sociales (rol).

Actualmente, el sexo es un status social que se otorga en el momento del nacimiento, mediante la observación de la apariencia genital. Tras lo cuál se nos asigna un sexo legal (hombre o mujer) y, por consiguiente, pasamos a formar parte de un género u otro (masculino o femenino). Es decir, según el sexo biológico se nos impone el sexo social, presuponiendo el sexo psicológico. Habitualmente todos ellos coinciden, y entonces se adopta el rol sexual esperado. Pero, si el sexo psíquico no concuerda con los restantes, hablamos de una discordancia con el rol presumiblemente esperado (sexo social) y se adopta una identidad sexual y una identidad de género distinta.

De igual forma, cuando todos los elementos que conforman el sexo biológico no concuerdan entre sí, es decir, cuando se presenta una mezcla de caracteres femeninos y masculinos, hablamos de intersexualidad. Esto no siempre se detecta en el momento del nacimiento, al observar los genitales. A veces, se pone de manifiesto con el crecimiento y la llegada de la pubertad. Pero, a diferencia de los transexuales, siempre es claramente observable físicamente o mediante alguna prueba médica.

No hay que confundir la transexualidad con la homosexualidad ni con el travestismo, pues en ellos intervienen diferentes factores de los que resultan comportamientos diferentes, y en ningún caso patológicos en sí mismos. En principio, el sexo y el género no conllevan a un determinado tipo de sexualidad (en su globalidad) ni a una determinada orientación sexual. Así, la orientación sexual es la atracción física hacia una persona por razón de su sexo (se puede ser asexual, heterosexual, homosexual o bisexual), mientras que la identidad sexual es el sentimiento de pertenencia a un sexo u otro, sea éste el esperado o no por razón de su sexo legal.