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Transexualidad
mítica
Para variar un poco de tanta hormona y tanta operación he pensado que
sería interesante publicar en la web una versión breve de una de las
historias que aparecen en Las Metamorfosis, un libro que fue escrito
por Ovidio, el poeta romano, hace exactamente 2000 años. Como el
título del poema indica, en sus versos se van narrando episodios
míticos en los que los dioses transforman a distintos personajes de la
mitología grecorromana en cosas, plantas, animales, etc.... Además de
ser una joya literaria, es una de las obras más importantes de la
literatura latina y es fundamental para la interpretación de
muchísimas obras de arte.
Después de todo este rollo viene la explicación. Entre tantas grandes
historias, tenemos una muy bonita y esperanzadora. Al menos a mí me lo
pareció cuando la leí hace unos años, y me lo sigue pareciendo ahora.
Así que, por si no conocíais el mito de Ifis e Iante os invito a que
lo leáis en esta versión reducida y si queréis lo comentamos. Ante
todo, os pido que tengáis en cuenta que tan sólo es un relato
mitológico contado por un poeta, no le pidáis que distinga entre
identidad y orientación sexual o cosas así. Bueno, os dejo que lo
leáis, ya me callo...
En la antigua Creta,
en la región de Festo, vivía un hombre llamado Ligdo que, al quedar
encinta su mujer, Teletusa, le deseó que su parto fuera indoloro y que
diese a luz a un niño, para que la criatura no sufriese las
desventajas de la condición femenina. Pero además, Ligdo añadió: “Si
de tu parto nace una hembra, ordeno que se le dé muerte”.
Como es natural, la futura madre quedó muy angustiada con esta orden.
Pero, una noche, cuando ya faltaba muy poco para el fin del embarazo,
se le apareció la diosa Isis, de la que era devota, diciendo: “Oh,
Teletusa, tú que eres una de las mías, olvida tus graves
preocupaciones y no cumplas las órdenes de tu marido; cuando des a
luz, no dudes en quedarte con la criatura, sea lo que sea. Soy una
diosa auxiliadora y presto mi ayuda cuando se me pide: no te quejarás
de haber adorado a una divinidad ingrata.” Dicho esto, Isis
desapareció, dejando a Teletusa mucho más tranquila.
Poco después, llegó el momento del parto y nació una niña, pero la
madre dio orden de que la criaran diciendo que era un varón, lo que
tanto el padre como los demás creyeron. Curiosamente se le impuso el
nombre de Ifis, el que llevó su abuelo, dándose la casualidad de que
ese nombre era válido tanto para hombres como para mujeres, por lo que
en realidad no había engaño.
Pasados trece años nadie había descubierto la verdad, y el joven Ifis
fue prometido en matrimonio con una joven de su edad, la hermosa Iante.
Ambos jóvenes estaban enamorados, pero Ifis, sabiendo que nunca podría
tomar a su amada se consume de pasión y se lamenta: “¿Qué final me
espera, cuando me posee un deseo desconocido e innatural? Entre los
animales no hay ninguna hembra poseída por el deseo por otra hembra.
¡Ojalá yo no lo fuera! ¿Por qué no te olvidas de esta pasión
desquiciada y necia? ¡Desea lo que es lícito y ama lo que debes amar
como mujer! Es la esperanza lo que alimenta el amor: a ti la realidad
te impide tener esperanzas. Tanto mi padre, como mi amada, como mi
suegro quieren este matrimonio. Pero no lo quiere la naturaleza, más
poderosa que todos ellos, que es la única que me perjudica.”
La madre de Ifis, Teletusa, intenta retrasar lo inevitable de todas
las maneras posibles, con excusas y presagios. Pero cuando éstos se
acabaron y la boda era inminente se encaminó al templo de Isis,
acompañada por Ifis, y allí, aferrada a su altar, llorando, invoca a
la diosa y suplica su ayuda.
El templo entero tembló por un instante, lo que les pareció un buen
presagio. Teletusa salió del santuario seguida por Ifis, que ahora
parece caminar con pasos más largos, mientras el candor de su
semblante desaparece, aumenta su fuerza, se le endurece el rostro,
lleno de vigor. Ifis se había convertido en un muchacho.
Alegres, llevaron ofrendas al templo, junto a una inscripción en la
que se leía: “Ifis cumple como hombre los votos que hizo como mujer.”
Al día siguiente, tras la salida del sol, los dioses del amor y el
matrimonio, Venus, Juno e Himeneo se reunieron ante el altar nupcial,
y el joven Ifis tomó a su Iante.
Versión del mito basada en:
Publio Ovidio Nasón. Las Metamorfosis. Madrid, Espasa-Calpe, 1994.
(Traducción de Ely Leonetti Jungl); pp.331-335.
Bueno, pues esto es todo, amigos. Espero que os haya gustado, y si no,
al menos gracias por haberlo leído. Y si queréis conocer la verdadera
poesía de Ovidio y no este refrito digital, pues ya sabéis, ¡a leerla!
Ah, por cierto, si alguien me puede decir si existe todavía ese templo
de Isis en Festo que me lo diga, por favor, que organizamos una
excursión a Creta ahora mismo.
Es broma.... :D
Un saludo,
Guillermo
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