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ORINA,
OLORES Y BAÑOS
Está bien que los
hombres y las mujeres tengan los baños separados. Un baño es un templo
de codificación sexual, de las motivaciones obsesiones y expresiones
groseras e inconscientes masculinas y femeninas. Los respectivo baños
de cada sexo
tiene
su propia atmósfera particular, claramente distinto del otro salvo en
la función humana común de hacer pis y cagar. Aquí es donde la verdad
sale a la luz. Los tíos hacen pis en un arco
exuberante, no
aciertan a dar en la taza y garabatean graffiti sobre erecciones
y coños húmedos
sin el miedo del descubrimiento lascivo de mujeres y subsiguiente
censura. Ellos se lo pueden permitir. Las mujeres se socializan sin
miradas de soslayo masculinas o de mofa. La llamada “mirada masculina”
se anula dentro de los confines reflejados del “baño de mujeres.” Es
una memoria, un eco del gañido todavía distante. Dentro del cuarto de
las mujeres existe un sentido de seguridad, una seguridad que las
mujeres anhelan y disfrutan serenamente. No hay tantos espejos en los
cuartos de los hombres. Y los que hay, no son
tan generosos en cuanto al tamaño y están a menudo manchados o rotos.
En el baño de las mujeres los espejos constituyen el centro respecto a
la atmósfera y la función del área. Estos invitan al lujo de mirarse,
el arreglarse, el discurso de estilo y la vanidad. Parte de la
codificación cultural general que descorazona la vanidad masculina,
mientras que anima un culto de vanidad femenina.
Antes, en mi vida
como mujer, era más probable que discutiera un problema con una
compañera de trabajo en el baño, que me quejara del jefe, cepillara mi
pelo y en que me mirara fijamente, sin vacilación, mi reflejo en el
espejo. Raramente llevé maquillaje después de los dieciocho, pero
siempre presté mucha atención a mi pelo (todavía lo hago). Las mujeres
empolvan sus mejillas, retocan su lápiz de labios, hacen poses ante el
espejo. De lado y de frente. Ellas no parecen tener prisa. Los tíos,
he descubierto que parecen tener prisa en comparación. Yo comprendí
que no era la norma tener mucho contacto visual y que, generalmente,
no había mucha conversación que mantener. De vez en cuando yo entraba
y veía a algún tío que se miraba en el espejo, mientras observaba
orgulloso su torso en forma de V, cepillando su pelo hacia atrás, pero
no es una visión usual. La atmósfera en el baño de hombres es
utilitaria, menos social o parecida a un salón de descanso. Hay una homofobia nerviosa en el aire, una tensión casi palpable que evita más
que una mínima cantidad de socialización.
Los tíos sólo
parecen relajarse en el propio inodoro. Allí es donde realmente se
desenvuelven, mientras leen, se sacuden, tomándose su tiempo
placidamente, con sus pantalones bajados debajo de sus rodillas.
¡Ahora realmente, los hombres se toman su tiempo en los cuartos de
baño, machos, de verdad! Me he preguntado a menudo "¿Qué diablos está
sucediendo ahí?". ¿Se ha muerto de una sobredosis o de un ataque
cardíaco? O más probablemente, he llegado a sospechar,¿todavía no ha
llegado orgasmo?
Adentrándome a
zancadas en el cuarto de los hombres en mis primeras pocas semanas de
hormonación con testosterona, iba a tener un brusco despertar. Al
abrir la puerta, una bocanada de olor a orina me pega en la cara como
un mazo, “¡yo no puedo entrar ahí!” pienso, ligeramente aterrado.
Pero, con gran fuerza de voluntad, contengo la respiración y entro
adentro. ¡Oh dios!, ¿va a ser así de malo para el resto de mi vida?
¿Me condenaré de por vida a entrar en los baños de hombres y oler
esto? ¿Cómo lo pueden resistir? ¡Y el lugar es una porquería! Orina en
el asiento (por qué molestarse en levantarlo-supongo, si sólo son
machos los que entran) y papel enrollado por todo el suelo. Las
puertas arrancadas de los cuartos de baño. Colillas de cigarrillos. Un
dibujo grosero de un pene cerca del espejo, con gotas diminutas que
salen de la cabeza. “VEN AQUÍ EL SÁBADO POR LA NOCHE, TENDRÁS UNA
ERECCIÓN, TENDRÁS UNA MAMADA”.”A TOM LE ENCANTA TENER LAS POLLAS
GRANDES METIDAS EN SU CULO”.” ME GUSTA CHUPAR A LOS HOMBRES CASADOS HETERO, SOBRE TODO AQUÉLLOS CON LOS PIES GRANDES Y CULO PRIETO-LLAME
445-9999 PREGUNTA POR JR.”, y uno de mis favoritos, “INCLUSO FRIEDA
KAHLO DABA MAMADAS.”
Un dibujo de una
mujer pechugona, con tetas que apuntan fuera como proyectiles hacia el
espacio que se expande, una mujer con los pechos tan grandes que se
arrastran por el suelo. Examino estas firmas de lujuria fetichista; me
divierte, me repugna, me fascina. Por supuesto, es diferente del
cuarto de las mujeres. Quiero decir, que, sí, hay algunas veces cosas
como:” Arnold es un polvo estupendo” o “la polla de Kurt es grande”,
pero más a menudo es un largo diálogo político concerniente a mujeres
apaleadas, lesbianismo o los doce pasa para realizar tal o cual cosa.
Alguien podría garabatear unas líneas sobre su desorden de
personalidad múltiple o abuso sexual infantil. Por lo menos, así
ocurre en San Francisco. Y, por supuesto, está el romanticismo de los
graffiti que se encuentran en casi todas partes como: “MARILYN AMA A
PAUL” o “LANITA Y SAM AMOR PARA SIEMPRE - AMOR VERDADERO, NUNCA NOS
SEPARAREMOS, ETERNAMENTE.”; “JANET & YOLANDA”-¡Amor, Amor, amor!
Montones de grandes corazones con flechas atravesadas dibujadas en
lugar de los penes o de los dibujos de grandes, puntiagudos pechos.
Nunca he visto, “VEN AQUÍ EL VIERNES POR LA NOCHE MÓJATE, DÉJATE
LAMER”, ni siquiera en la barra del bar trapero más apasionante. Puedo
decir que, la vida será diferente desde aquí en adelante.
El pis de los
hombres, huele. Afrontadlo, tíos, es verdad. Puede que muchos de
vosotros no seáis conscientes de esta odiosa realidad, el espectro de
la orina
masculina. Muchos tíos se avergüenzan cuando les digo esto, sobre todo
si una mujer está presente. Otros simplemente se sorprende:” ¡No,
debes estar bromeando!, ¡No puede ser!” Como si yo hubiera insultado a
un elixir precioso. Por otro lado, bueno, yo supongo que debe ser
vergonzoso. Siempre es vergonzoso que te digan que apestas. Sobre
todo, si uno es totalmente inconsciente del hecho, no tiene ni idea.
Deambulando por
ahí, dejando la tapa del water levantada, no os dais cuenta que dejáis
un spray como Tom el gato. ¡Los tíos no tienen ni idea de que su
meada realmente contiene un fuerte e inequívoco hedor! Como un caballo
en un establo. O quizá una secreción animal salvaje. Aquí está el por
qué. Es la testosterona en nuestro pis. Después de tomar
hormonas masculinas durante un mes, mi pis también comenzó a emitir
ese hedor punzante. También hacía más espuma. Aquí está el quid de la
cuestión. La testosterona humedece el sentido olfativo, de tal forma
que los tíos están desorientados sobre su hedor. Los hombres no pueden
oler su propia orina. De hecho, lo aprendí a tiempo, en comparación a
las mujeres, ¡los hombres no pueden oler mucho de nada!
Éste
puede ser uno de los grandes secretos femeninos de toda la eternidad,
el olor del pis de hombres. La pequeña cosa embarazosa que las mujeres
saben acerca de los hombres y que ellos no conocen de sí mismos.
Aún así, resulta un hecho tan oscuro, escondido, el que las mujeres
sean inconscientes que, incluso poseen esta información privilegiada
sobre los cuerpos de los hombres. ¡Las mujeres no son conscientes que
ellas son capaces de oler algo sobre los hombres que ellos no pueden!
Ellas simplemente asumen que los tíos pueden olerlo también. Quizás
ésta constituya solo una de las muchas diferencias de percepción entre
hombres y mujeres que contribuyen a la percepción general de las
mujeres en relación a los hombres como de" ignorantes".
Sin
embargo, yo no estoy condenado a una existencia de contener mi
respiración y nariz cada vez que tenga que usar el cuarto de un baño
público. O, eso supongo, desde que mi propia orina ha asumido ese olor
grosero, aguantando mi respiración y pellizcando mis orificios
nasales, encerrado en mi propio baño en casa todos los días para el
resto de mi vida. Un día, después de un par de meses de estar
hormonándome con testosterona, ya no pude oler más esa sustancia
salvaje. Nada. Casi me he olvidado de cómo huele ahora. Quizá un
pámpano-como los rizos de la ráfaga en los receptores olfativos de mi
cerebro de vez en cuando-o quizá no. No puedo estar seguro. Ahora, no
tengo ni idea, como todos los otros tipos, apestando al mundo y sin
ser consciente de ello.
Mi primera
experiencia meando en un urinario es horripilante. Un hombre
transexual había descubierto una manera de orinar de pie, sin recurrir
a la cirugía. Parece bastante simple. Toma una tapa de lata de café y
modélala en un embudo, ponla bajo la uretra y allí vas, de pie y mea.
Yo tengo una amarilla en mi bolsillo, la aprieto en mi palma sudada,
respiro profundamente y camino hacia el urinario…Nervioso y en alerta
por los mirones.
¿Qué sucede si
alguien se pasea por allí y ve que el objeto en mis manos no es un
pene, sino un embudo pequeño? Bueno, quizá ellos pensarán simplemente
que estoy pegándolo en algo nuevo y raro por pura diversión. No seré
el primero ni el último. A lo mejor hay un revestimiento de tibio
hígado crudo, dentro del embudo de plástico. En cualquier caso, estoy
seguro de evitar que me descubran ya que el urinario está en el
lateral de fuera, difícilmente visible a cualquiera que entre. Así que
lo hago. Orinar de pie, no es tarea fácil. Tengo que apuntar. Un poco
hacia la derecha, no, tal vez hacia la izquierda-yo alcanzo los lados
de la taza y salpico. Por primera vez en mi vida, yo puedo ver mi
orina formando un arco en el aire, un chorro largo y tibio. Parece que
tarde mucho más tiempo que cuando yo me sentaba. La experiencia se ha
transformado en una tarea que requiere concentración, una pequeña
cantidad de ingenio. Tengo que visualizar, apuntar, controlar mi
vejiga cuando dirijo la orina a su área designada. No es tan
relajante, pasivo, o simple. Orinar se transforma en algo más visual,
complejo, posiblemente más divertido.
Puedo imaginar
tener competiciones, desarrollar mi agudeza de puntería, crear un
léxico de micción basado en la habilidad de un individuo a la hora de
controlar y dirigir los contenidos de su vejiga. Sería más fácil el
destrozar bienes públicos, para dejar una señal como Tom el gato en un
sitio especial, codiciado.
Por Max Wolf
Valerio
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