MI PRIMER DÍA DE VIDA

Recuerdo cuando nací ¡qué día más feliz para mis padres! ¡¡¡¡qué día más triste para mi!!!, os cuento por qué. Allí estaba yo, en el vientre de mi madre, más a gusto que un arbusto, flotando sobre un liquidillo, hecho un ocho, viviendo la vida, sin madrugones, sin estudiar, sin novias que me dieran el follón… cuando de pronto se abre la puerta mágica y de muy malas maneras me hacen salir de allí. Al salir los veo a todos de verde y me dije: ya está… ¡¡me ha tocado algo de la Heineken!! ¡ venga, venga.. ¿qué ha sido?!, ¿una gorra?, ¿un mechero?... a mi estas cosas siempre me hacen mucha ilusión.

-         Ha sido una niña.

¿Cómo?. Me bloqueé. ¿La Heineken regala niñas? No creo, aquello de vender y regalar personas se abolió hace tiempo, afortunadamente; lo leí en mi tercer mes de gestación en un artículo que traía la prensa prenatal.

Una exuberante paliza en mi culito de bebé me hizo volver de mis pensamientos. ¿Será bruta la tía esta?... me coge de muy malas maneras y me pone bocabajo y me mete una paliza que claro, era para decirle algo, así que empecé a berrear.

Eso parece que le alegró a todos ya que nada más empezar a llorar y, por lo tanto a despegar mis pulmones, todos empezaron a sonreír y entregándome en los brazos de mi madre dijo:

-         Está sanísima y es preciosa.

Me volví a bloquear. Intenté pellizcarme para despertar por si aquello era una pesadilla. Esto qué es ¿el mundo al revés?. Pero señora, ¿no ha visto la cara de bruto que tengo?. Bueno no pasa nada, la tendré pequeñica y los cojones demasiado grandes que no la han visto y se han confundido. Como pude me eché la mano al paquete para asegurar y ¡coño!. No me salió decir otra cosa.

Mi cabreo fue descomunal. ¡Señora! – intenté gritar en mi idioma, o sea, buaaaaa! - ¡a usted dónde le han dado el título de matrona! ¿juntando las tapas del danone? ¿No se habrá equivocado y en vez de hacer el nudo con el cordón lo ha hecho con mi rabo?.

Obviamente no hallé respuesta. No había marcha atrás. Eso de volverme a meter en el vientre de mi madre para formarme en condiciones hubiera sido ideal pero allí estaba un poco como cuando estuve en Londres que nadie entendía mi idioma y perdí el avión.

Cuando me cogió mi padre y empezó a decirme todas aquellas cosas tan cursis que se dicen a las nenas, me dieron ganas de decirle que como siguiera hablándome así terminaría teniendo unos ademanes demasiados femeninos por su culpa, y luego vendrían las madres mías.

Allí ni dios me hacía caso. Sólo decían que había salido muy “llorona” ¿No era para llorar? Aquello tal y como se planteaba era para coger un camino.

Y casi lo cojo cuando vi aquel pelele rosa que me colocaron con un broche en forma de osito. Ya sólo me faltaba llamarme Carmen, de apellido Sevilla y presentar el Cine de Barrio. ¡Qué horror de bronche! ¡qué horror de cuna! ¡qué horror de ropa! ¡qué horror de enfermeras! ¿es que no hay ninguna enfermera guapa en la Seguridad Social?.

El color rosa debería de estar prohibido. ¡Mira que no hay colores! Joder… un verde, un amarillo, un rojo ¡hasta de luto hubiera preferido! Pero aquel color rosa me daban unas nauseas que para qué contarte.

Al rato tuvimos compañía. Una niña que había nacido media hora después que yo. Ahí venía tan calladita, tan arropadita, tan mimadita, tan feliz ella. ¡Me dieron ganas de mandarla a la mierda! Pero opté por no decirle nada.

Sin embargo ella al verme me dice:

-         Hola ¿hace mucho que has nacido?.

-         ¿Y a ti qué te importa niña cursi?

-         Huy perdona, no quería molestarte.

-         Pues lo has hecho.

Estaba que no cabía en mi mismo. No paraba de pensar en cómo podía solucionar aquello y a la vez el por qué había pasado.

Seguramente la culpa haya sido mía. Durante mi gestación pasé absolutamente de todo. Bebí demasiado, me fumaba un paquete al día y el fútbol hizo que pasara de ir a las clases donde nos enseñan a formarnos sanos y estupendos. Pero es que el profesor era un viejo con la barba hasta el suelo que había salido un montón de veces en televisión presentando su forma de enseñar jugando mediante series como Érase una Vez el Hombre y se creía una súper estrella que me ponía malo. Seguramente a la única clase que fui iba tan resacoso que me metí en la de Érase una vez la Mujer. ¡Si es que las faldas me pueden!

Me volví un arisco. Me ponían aquel chupete con el lazo rosa, y yo lo escupía. Me intentaban cambiar el pelele rosa para ponerme otro rosa y blanco y me revolvía como pude. Me decían aquellas estupideces que se dicen a los bebes como ¡aaaajooo! y les contestaba ¡giiiiliiipooollassss!.

Pero ya el no va más fue cuando oí el nombre que querían ponerme. No sé quién lo preguntó… creo que el último gilipollas que me dijo ajo.

Ahora dirá Angustias y ya tendremos el día completo – pensé yo –

-         Después de darle muchas vueltas hemos decidido ponerle Beatriz.

¡Tantas vueltas para eso! ¡no, si encima se sentían orgullosos del nombre que habían elegido! A ver qué orgullosos os sentís cuando tu Beatriz juegue con pistolas, coches y les suba la falda a las niñas.

Seguía dándole vueltas a la historia del nombre. Beatriz, Beatriz ¡ si es que lo mire por dónde lo mire… es superior a mi! ¿Y si les digo que me llamen Bea? ¡Puf! Ya me imagino en el colegio con la musiquilla diciéndome: Bea, bea anda y gatea, anda y gatea…

Ahggg! Estaba histérico. Por momentos si que parecía una niña: histérica, quejica, llorando, y con el puto broche del osito!. No encontraba solución. ¿Seré el único al que le pase esto? Le voy a preguntar a la niña cursi de al lado:

-         Pschhh, rubia! rubia! ¡despierta ostias!

-         Hmmm ¿sííí?

-         Oye chata, ¿has conocido algún otro bebé que haya nacido con el sexo contrario?

-         ¿No me digas que tú también eres un niño?

-         Sííí… un machote de los pies a la cabeza.

-         Pues viniendo para acá me he cruzado en el ascensor con otra niña que decía lo mismo que tú.

-         ¿Y sabes en qué habitación está?

-         En la 234 cama 2 pero no me hagas mucho caso es que estoy bastante adormilada.

-         Vale, nena, muchas gracias.

-         Oye compi… te queda genial ese pelele rosa! Jijijji.

-         Oye, petarda, ¿te quieres ver cómo te tragas el chupete?.

Por la noche mi padre decidió darme un paseo muy corto por los pasillos porque no había manera de dormirme. Y la casualidad quiso que me encontrara con mi amigo de la 234 cama 2 que tampoco podía dormirse y por lo tanto estaba también de paseo con su padre. Supe que era él porque al pasar por su lado los padres comenzaron a hablar entre ellos y escuché que el bebé no paraba de maldecir todo aquello que tuviera que ver con las niñas.

-         Oye… tú eres un niño, verdad?

-         Eh!!! Sí!! Ostias, es que se ve que soy un niño??.

-         No, el pelele rosa te delata.

-         Sí, creas que no engaña.

Estuvimos hablando y me sentí mejor al saber que no era el único. Nos pusimos nombres nuevos y nos presentamos; él Sergio y yo Alejandro (que hay pocos, pensé jeje). Decidimos enterarnos de cuántos bebés más habían en nuestra situación para poder apoyarnos unos a otros y ayudarnos como pudiéramos para crear una solución.

Enseguida nos pusimos de acuerdo. Como él había asistido durante los nueves meses a las clases de Érase una Vez la Informática y a mi se me daba bien la expresión y la lengua decidimos quedar para crear una web llamada “EL BEBÉ TRANSEXUAL”.

De dos que éramos, ahora pasamos los cientos y los miles de chicos en España en la misma situación y como consecuencia existen estas páginas donde te explican cómo otros de la Heineken pueden ponerte aquello que en su día te hicieron un nudo.

Por Pablo el Rojo.

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