ENCUENTROS DE TOLEDO 2004.

No sería justo contar, solamente, cómo transcurrieron  esos días  en Toledo. Está de más decir que para que esos días pudieran celebrarse varias personas trabajaron durante meses para prepararlo TODO con esmero. Parece fácil pero no lo es. Había que buscar un sitio que nos interesara y que llevara las tres “b”: Bueno, bonito y barato.

Después ponte a hacer la propaganda. Que si un e-mail por aquí, un sms por allí, en plan noticia lo pusieron aquí, en modo de post en cualquier foro activista transexual y así miles de cosas para que llegara a todos los puntos del país, a todos los chicos del estado.

Una vez que todos fuimos informados e ingresamos el dinero, varios chicos (y también alguna chica) se prestaron a hacer la compra. No penséis que la compra constaba de tres yogures y dos bolsas de patatas… ¡no! Creedme si os digo que el Carrefour pensó que en el domicilio de Javier y Ana había más comida y bebida que en todos sus centros comerciales y llegaron a temblar por su propia quiebra…

Yo mismo, cuando llegué a Madrid un par de días antes de los encuentros (con Juan), y entré en casa de Javier y Ana pensé que el murciano se había equivocado y me había metido en el Corte Inglés en la sección de supermercado ¡oye chato, que en Cartagena ya tenemos Corte Inglés, no hace falta que me enseñes nada!. Ana pidió disculpas una y otra vez por el desorden que tanta Fanta, tanto repollo y tanto papel higiénico formaba en la casa. La nevera estaba a reventar, cada uno de los muebles de la cocina ídem de lo mismo. El gato no sabía dónde dormir ¡no había sitio! ¡Cuando me fui a duchar me encontré con cienes y cienes de huevos en la bañera! (qué pena de familia… el marido trans, la mujer de los nervios, el perro mareado, el gato sin saber dónde ponerse y encima llegamos el místico y el broncas ¡para qué más!). Lo más gracioso es que para cenar pedimos unas pizzas. Me hubiera gustado ver la cara de los vecinos después de haberles visto meter en casa tanta comida y al rato al motero del Telepizza.

            Durante esos dos días esperamos a gente que también venían con antelación para ayudarnos a llevar toda esa comida en varios coches hasta la finca de Toledo. Hubimos  algunos que dimos  dos viajes y entre tres o cuatro descargamos y metimos las cosas en sus respectivos sitios en la que sería nuestra casa durante una semana.

            Esos días trabajamos mucho y dormimos poco. Las ganas, los nervios y la ilusión hicieron que todos durante la última noche en Madrid diéramos muchas vueltas en la cama.

            El ansiado lunes llegó acompañado de una nube sospechosa que nos persiguió todo el camino. La amenaza se convirtió en pequeños ratos de lluvia a la que mirábamos caer con cara de pasmarotes desde uno de los pabellones, como si fuera la primera vez que veíamos llover. Nos sirvió para entablar rápidamente conversaciones disfrutando de la compañía de viejos amigos que hacía tiempo que no veíamos y de algunos que comenzaban a conocerse… Parecía que estábamos en la casa de Gran Hermano pero sin súper, sin cámaras y sin “Mercedes Milás” pero eso sí... Nickys éramos unos cuantos.

            Tanto trabajo nos dio hambre y además llegó la hora de comer (que creas que no también influye) y  a modo de campamento nos llamaron para sentarnos en la mesa. Cada uno con su plato y sus cubiertos, cada cual más interesante: desde unos que se llevaron el de la mili (no le dijimos que sabíamos que era trans y que nunca le llamaron a filas,  pero por no quitarle la ilusión al chico…) otros que parecía que no les dio tiempo a comprarse unos y se los quitaron al perro, otros que se los trajeron de la vajilla de plata de la madre, otro matrimonio que se trajeron tropecientos y que al final lo compartieron conmigo, ya que al ver que mi plato parecía un flice-flice (o como se escriba) les di un poco de pena.

            El grupo de cocina formado por tres o cuatro más uno que se unió de repente menos otro que se le olvidó que formaba parte de ese grupo salía igual a otros tres o cuatro. Éstos hicieron los mejores menús que vamos, que ni en casa de uno. Salió todo de rechupete durante toda la semana. 

            Fue ahí cuando me nombraron el latero oficial ya que, como otros, formaba parte del grupo de actividades y entre todos nos repartimos en trabajo. Ser el latero era importante, creedme. Sin mí, te deshidratabas y eso pues tiene que doler. En algún sitio tenía que guardar el dinero de las bebidas así que Jorge, como siempre tan atento y observador, nos trajo un gofre al que no tengo palabras para describir. Llevaba su mini-candado con su respectiva mini-llave que desapareció un día por arte de magia (como otras cosas). Igual se nos ha olvidado poner en los currículos de la web que tenemos un trans mago en el grupo… quien sabe. A base de tirones, yo que tengo pinta de bruto, abrí el candado y recuperamos el dinero y el súper-gofre para seguir guardando el importe de las latas.

            Después de comer cada uno se recogía su plato… bueno, no todos. El grupo de limpieza se tiraban buenos ratos detrás de uno y de otro chillándote ¡recoge tu plato! (¡qué poco aguante, madre! Qué pongo aguante!). En fila india ahí nos colocábamos para lavarlos. Unos tardábamos un minuto y medio en fregarlos, sin embargo recuerdo a uno que se lo tomó tan en serio y si el plato era azul lo dejó transparente de tanto frotar…un brillo… un aroma… como los jaspes! (como se dice en mi tierra. Ahora, no me preguntes lo que es que nadie de mi tierra lo sabe).

            Tras las comidas llegaban las sesiones de cine, documentales o derivados. Contábamos con una sala repleta de sofás y de un par de arañas que habitaban allí antes que nosotros (sino que se lo digan al pucelano el brinco que dio cuando se vio una en la cara por el rabillo del ojo ¡ni los trapecistas del circo con su salto mortal me impresionaron tanto como el bote que dio este chico!). Pudimos ver, disfrutar y luego comentar películas de temática de transexualidad masculina como: “Boys don’t cry”, “Mi querida Señorita”, “Chicos-Chicas” “David no aguantó ser Brenda”, “La verdadera historia de Brandon Teena”... entre otros.

            Y además no faltaron películas en DVD que también otro chico aportó de su casa para amenizar los ratos libres. Una película que triunfó fue “Buscando a Nemo”. Las risas se escuchaban tres fincas más para allá.

            Durante todo ese día fueron llegando más chicos y chicas y se armaban corrillos de tertulia en cualquier rincón como el jacussi, en el césped, los dormitorios…

            La noche llegó pronto y con  ella el cansancio de un duro primer día. Los nervios se relajaron, la ilusión seguía patente en el rostro de todos y mientras unos se echaron a dormir otros nos apoderamos de los pabellones exteriores (según el ruido que hiciéramos nos quedábamos en el de dentro o en el de fuera). Lo teníamos todo. La botella de guisky, la de bacardi, las risas, los amigos y al latero! Estaba todo perfecto. Nos daban las tres y las cuatro de la mañana, riendo y hablando entre historias y chistes. Esta actividad, no preparada, se repitió todas las noches.

El segundo día nos levantamos todos muy animados y con ganas de empezar otro día entre amigos. Como primera actividad tuvimos a un fisioterapeuta de nuestro gremio (no es que seamos todos fisios, sino trans) que nos enseñó cómo corregir posturas para no fastidiarnos la espalda mientras, por ejemplo, escribimos un artículo como este sentados en una silla. Nos enseñó varios ejercicios cada cual con una postura más rara pero ahí todos con sus más y con sus menos tuvimos nuestro rato oriental poniéndonos que si la mano tras el cuello, la otra bajo el culo, una oreja en la frente, las piernas dobladas, con las caderas apoyadas en el suelo… en fin un número. Con una colchoneta, una silla y el marco de una puerta hicimos ahí posturitas que ríete del kamasutra.

En el tiempo libre casi siempre acabábamos en la piscina o bien tirados en el césped hablando y riendo, como siempre. Otra cosa no, pero risas hubieron unas cuantas estuviéramos donde estuviéramos. Los momentos piscina eran para guardar. Como ya conté teníamos nuestro salvavidas peludo particular no-trans (de momento) llamado Bruno. No tenía pantalón rojo ni salvavidas en plan vigilante de la playa pero la verdad que observados nos sentíamos. Otro chico, todos los días se hacía una media de doscientos largos sin parar y sin mediar palabra con nadie. Cada uno… podía hacer lo que quisiera. Así como otro que sugirió el concurso de saltos y después de ver el suyo tan patético decidimos no participar porque hasta el salvavidas lo haría mejor que él. Pero lo que nos reímos nadie lo sabe. Contábamos con un par de colchonetas, un súper Donete y un sillón de esos para tomarte un picoslabis (traducido al castellano, refresco de aperitivo) flotando sobre el agua. Por supuesto, como toda piscina, contábamos también con nuestra ducha de agua helada, tan helada que allí no habíamos ninguno con subidón. Estaba claro que el que se empalmaba era porque no se había duchado y le llamábamos directamente tío guarro. No sé por qué… pero no hubo ningún caso. Más risas nos daban cuando cualquiera, repito, cualquiera intentaba subirse al sillón del picoslabis. Eso era un show total. El que no acababa con la prótesis en el cuello, se caía por el otro lado, o se le bajaba el bañador o simplemente lo dejaba por imposible. Parece fácil pero no lo era, para nada. Bueno… había una chica que tenía un estilo… a lo fino, vamos; se preparaba la colchoneta, se subía al borde y cual la chica de Matrix de un salto se estampaba contra la colchoneta y ahí se quedaba a vivir. Las chicas siempre han sido más “apañás”.

            En la tarde de ese segundo día de convivencia algunos hicimos el vago y otros se echaron un torneo de mini-golf. Por lo que cuentan se tiraron media tarde en un hoyo y otra media tarde doblados de la risa. Además me consta que los resultados fueron aplastantes y los menos malos ganaron a los malísimos por demasiados puntos. Me han prohibido decir los resultados reales para no hacer más leña del árbol caído (qué frase más poética… se nota que es de Javier, eh?)

            Entre un ratito en el jacussi, tras una partida de futbolín (donde siempre ganábamos los mismos jeje) y tertulias por un sitio y por otro llegó la hora de cenar. Con las mismas algunos a la cama y otros, como no, al pabellón después de raptar a las botellas y al latero. Esa noche hubo monólogos de uno en concreto contando historias de su santa madre consiguiendo que de las risas se pasaran a las lágrimas (pero de risa) y donde el alcohol iba haciendo efecto y salían los chistes de todos los colores. Eso sí, estábamos acompañados de todo bicho raro que la naturaleza sabe crear (y no me refiero a nosotros los trans jeje) sino a insectos mutantes de todos los colores y seguro que alguno también, con esos caretos, esas patas y esos aguijones, padecerían una disforia desconocida. Teníamos hasta nuestro batman particular rondando cada noche por ahí. Oye… igual de madrugada se convertía en vampiro y en vez de chupar sangre se dedicó a chupar botes de la nevera… ahí igual está el enigma de las latas que faltaron…

            Ya era miércoles y todos menos cuatro o cinco se fueron a Toledo de visita cultural guiados por un experto en historia también conocido como rey de espada de plástico. Cuentan que lo pasaron muy bien, que hizo mucho calor, que anduvieron bastante y que conocieron a más chicos trans que se pasaron por allí para hacer una visitilla. Los que nos quedamos comimos de las sobras ya que ese día la cocina estaba en una merecida huelga y tras la siesta estuvimos deleitando con la guitarra cada cual a su estilo y cada cual haciendo lo que sabía. Mientras iban llegando se iban acercando al coro musical y hasta un clavelitos a tres voces que nos marcamos. Si es que sabemos hacer de todo J .

            Se hizo tarde así que en un pis-pas ya nos habíamos duchado (casi todos… que marranos también habían :P ) ya estábamos cenando y ya estábamos otra vez de cubatas. Parece ser que no todos hacemos caso a aquello de “Cuida tu hígado como tu mejor tesoro” con el tiempo nos acordaremos y una de dos: o lloraremos lágrimas de sangre o gritaremos a viva voz que “nos quiten lo bailao”

            El jueves a la mañana tuvimos el taller de prótesis. En él pudimos ver las tan habladas prótesis para mear de pie, y con la ayuda de algunos materiales aprendimos a hacer una de látex. Para comparar un poco con lo que podemos encontrar en los sex-shop, mayormente, algunos trajeron las suyas propias que usan en sus relaciones para llevar a la gloria a sus chicas y hacer que toquen el cielo saluden a San Pedro y bajenJ. Y bueno… como no, también hubo risas con algunas de ellas. Y es que el mismo Rocco Sifredi era un picha corta ante semejante látex que alguien trajo diciendo que era la suya. Yo, realmente, pensé que era la del elefante del zoológico de Elche… en fin… no quiero dar nombres.

            Al medio día comida otra vez, como siempre exquisita. Tras un video-forum preparamos un partido de Voley. Formamos dos equipos y la verdad es que ninguno sabía jugar en condiciones. Empezando que la media entre todos es de metro y medio imaginaros por dónde nos quedaba la red. Más bien como si no existiera; teníamos que ponernos gafas de sol (aquellos a los que no se la robaron) o en su defecto gorras para mirar hacia arriba y buscar la red sin que el sol nos dañara la vista. Hubo un equipo que dio la nota y no en puntos, todo sea dicho. Era un equipo especial. Jugaban hasta con los dientes! Ni con esas nos pudieron, ganamos dos sex a unoJ. Ah! En este partido además del que jugaba con los piños hubo uno que besó el suelo de un batacazo y otro que se hizo una contrastara en una pierna por intentar llegar a la parte baja de la red en un salto. Aún teniendo al fisio en el equipo contrario reinó la deportividad y éste me deleitó (porque lo confieso, el contrasturado fui yo) con un masaje milagroso poniéndome la pierna otra vez en orden en un abrir y cerrar de ojos.

            A la noche, como siempre, después de cenar los grupos se separaban en dos; en los que descansaban y en los que trasnochábamos aunque tengo que decir que el grupo de trasnochadores cada vez se hacía más grande… por algo sería J

             Un taller muy esperado fue el del viernes. El Taller de Perillas, Barbas y Patillas. Los más avanzados nos dieron unas clases de afeitados para dejar una barba en condiciones con unas patillas chulas y hasta la mosca de la barbilla perfecta y casi todos, unos tapando las zonas en las que aún no sale pelo y otros que todavía no han empezado, nos pusimos barbas, perillas y patillas. La verdad que el aspecto de la gente cambiaba pero un montón. No recuerdo a nadie que le quedara mal. Por lo tanto puedo decir que, en un futuro no muy lejano, todos estaremos guapísimos.

Durante todo este día del viernes fue llegando más gente a la finca. Otra vez casi vuelta a empezar conociendo gente nueva y saludando a viejos amigos. Estaba todo lleno de gente… la mesa de la comida tuvo que prolongarse para que cupiéramos todos. Los de cocina tuvieron que hacer nuevos cálculos para la comida. Hubo cambios de habitaciones. Se veía a uno cargado de maletas por un pasillo. Al otro con el saco bajo en brazo preguntando que dónde dormiría ahora y así durante un buen rato.

Por la tarde tuvimos el partido de fútbol. Bueno, más bien de futbolín ya que el campo de fútbol estaba lleno de hierbajos que nos llegaba por la cintura… bueno, a los más altos por la rodilla pero aún así era imposible de jugar. Y ¿sabéis? Casi mejor eso de jugar en un campo más pequeño porque aún así terminamos todos para el arrastre. Si soy sincero no me acuerdo de cómo quedó el marcador. La cosa estuvo muy igualada. Casi puedo decir que el partido de fútbol fue el más polémico de todas las actividades que preparamos. Había más pique, sobre todo con el / los árbitros (porque hubieron tres durante todo el partido) que eran cegatos perdidos… menos el último que supo imponerse, echarse las críticas a la espalda, ser más neutral y pitar el partido en condiciones. Pero es que los primeros árbitros… recuerdo que el primero fue Javier que creo que no ha visto un partido de fútbol entero en su vida. Duró dos minutos con el silbato en la boca… al pobre lo echamos y como es un pedazo de pan, no dijo nada y marchó cabizbajo y resoplando (pero yo sé que por dentro estaba más feliz que unas castañuelas porque no tenía ninguna gana de arbitrar a 10 locos del balón). Teníamos un marcador humano, con sus correspondientes papeles pero también los descalificamos porque no había encontrado el 1-0 cuando ya íbamos 2-0. ¡Qué brutos y qué poca paciencia tuvimos!, la verdad. Aún así pues sirvió para hacer deporte, unos más que otros… sin nombrar a nadie recuerdo a alguien que tardó más en ponerse su camiseta y las deportivas que lo que duró en el campo. Fuimos a hacer un cambio para que saliera él ya que sólo había jugado 3 minutos y lo pillamos que se iba cojeando como que disimulando pero sin el como. Así pues, que hubo de todo.

Casi se hizo la hora de cenar y nos costó más mandar a todos a la mesa. Esa noche cenamos en el pabellón de fuera porque teníamos barbacoa o bien platos de colesterol, como yo les llamo. Esa noche sí que se amplió el grupo de los trasnochadores sobre todo porque venían para menos días y tenían que aprovechar el tiempo al máximo.

            El sábado teníamos preparado un taller de parejas que finalmente quedó suspendido y que podremos realizar en próximos encuentros. Por lo tanto hubo gente que decidió hacer una escapada a Talavera o quedarse tranquilito tomando el sol ya que por la tarde teníamos la esperada gymkhana que merece mención aparte por lo mucho que nos divertimos y las risas que echamos jugando.

            Yo no participé en la gymkhana. Verdaderamente estaba muerto de todo el ajetreo de la semana y decidí echar un mus con tres amigos más. Aún así, los de la gymkhana tenían la finca revolucionada. Hicieron equipos y para diferenciarse cada equipo llevaba un lazo de un color. Unos optaron por ponérselo en la muñeca, que es lo más normal, sin embargo otros se lo pusieron en el cuello, otros de brazalete y el más atrevido que se lo puso tipo ninja en la frente. Si cuando yo digo que hubo de todo…

            Os puedo contar que algunas pruebas fueron: el balón prisionero, una carrera metiendo agua de una botella en otra con la única ayuda de una pajita, la carrera lenta (ganaba el que más lento fuera), otra carrera con todos los de un equipo con los cordones de las deportivas atadas, una prueba de hacer reír al contrario, el famoso pañuelo, otra carrera de sacos (que cabe destacar que el abuelo fue el máximo campeón en esta categoría), recoger en la piscina globos del mismo color de tu equipo...

Me cuentan los que participaron que es difícil plasmar con palabras lo bien que se lo pasaron en la gymkhana puesto que fue tanta la diversión, las risas, las caídas que para saber cómo se pasa hay que participar.

            Llegamos al sábado por la noche y uno de los pabellones fue adornado de arriba abajo con globos, farolitos, bombillas de colores y todas esas cosas para la gran fiesta de disfraces. Hubo momentos de karaoke, dignos de olvidar casi, y de bailoteo que casi fue peor. La noche fue animada también por una sangría suave que entraba como el agua y que hizo que muchos volcaran casi textualmente. Y bueno… los disfraces; esto es para hacer un estudio concreto con cada uno de ellos.

1º.- El burro delante para que no se estampe… me describo El íbero sin botas: Me fui a la época del General Publio C.  Escipión y Aníbal, el Cartaginés para conmemorar las fiestas de mi tierra. Llevaba una túnica que mínimamente me tapa el calzoncillo entero (pero leyendo lo que viene detrás, no me avergüenzo para nada) una coraza de cuero con faldetas, capa y espada. Así dicho queda muy chulo pero no llamé nada la atención ya que hubo otros descarriados que me quitaron protagonismo a tope.

2º.- Por poner un ejemplo el que vino de la época de Napoleón representando al susodicho aunque con su gorro pareciera más bien un cocker spaniels. La verdad que con lo estratega que fue dicho emperador y lo poco que imponía el nuestro J

3º.- Y otro que optó por ir de época como fue el Rey de Espada de plástico (le puse ese mote ya que no sabía cual era su reino) y que bueno, su corona no era de la Casa Real precisamente. Pero ahí iba él con paso firme y decidido intentando hacerse un poco de respetar como Rey que era. Por lo visto y por el poco respeto que le tuvimos (ya que nos reímos de él igual que de otros) llego a la conclusión de que allí había mucho republicano suelto.

4º.- También fue una representación de nuestro tan admirado Clero. Un obispo y un cardenal, ni más ni menos. Pero eran mucho más tolerantes que otros obispos conocidos y el cardenal la verdad, que de Cisneros no tenía nada. Uno se pasó la noche pegado a la botella de whisky y el otro detrás de una cámara de video. ¡Hasta dónde vamos a llegar! Ya hasta la Iglesia deja a un lado sus obligaciones. Yo me intenté confesar un par de veces y las dos veces, el cardenal me mandó… a por hielos. Así que sigo teniendo los mismos pecados de siempre.

5º.- El susto fue cuando llegó la pasma. Imaginaros… ¡casi todos con nombres falsos! Si se pone a cachearnos se hubiera quedado un poco sorprendida porque nuestra policía particular era una mujer y tenía la porra más grande que cualquiera de las nuestras. Imponía, señores, imponía.

6º.- Nos vamos ahora a los cuentos. Yo recuerdo cuando mi madre me contaba cuentos de pequeño para dormirme. Y precisamente el que mejor recuerdo era el de caperucita roja y, según mi madre, ésta era una niña pequeña con una cara dulce que vestía un vestido blanco con una capa con capucha roja. Además portaba una cesta de mimbre con miel para llevársela a su abuelita que estaba enferma. Bien, hasta ahí bien. Pues después de lo visto me he quedado un poco trastornado. Resulta que ahora Caperucita Roja lleva el pelo desaliñado, una barba bien poblada, usa deportivas, se sienta con las piernas abiertas y ¡fuma porros! Normal que me digan que ser transexual es a causa de un trauma… yo no sé si lo mío viene de un trauma pero lo que está claro que ahora, después de cambiarme el cuento de esta manera, sí que necesito un psiquiatra.

7º.- Hubo uno que rescató una camisa de los años 80, se puso unos vaqueros, unas pistolas y se clavó una estrella en el pecho y llegó preguntando: ¿hay indios en la costa? No, sheriff, en nuestras costas sólo hay moros. Además ¿te imaginas un indio trans? Supongo que si los hubo tuvieron que pasarlo mal para quitarse la pluma.

Lo que hubiera estado bien es que se hubiera entrelazado con el pirata de nuestra fiesta. No es un indio, pero el indio lo hacía bastante bien aunque de pirata lo hacía mejor ya que siempre que miraba tenía entre sus brazos a una chica diferente. Seguro que les prometía el oro y el moro de nuestras costas y luego tras “levantar el ancla” partía a otro puerto desconocido a engañar a otra señorita. Los murcian… que diga, los piratas, son así.

8º.- Tuvimos un rapero malo que le gustaba oír música de gitaneo aunque casi mejor porque con su acento medio catalán medio leonés no le veo yo cantando eso de : ¡Ey, pijo, de qué vas!

9º.- Golfas, guarras, chicas de la calle, y putas de lujo tuvimos unas cuantas y ninguna era mujer. El completo estaba a 60 euros y marcaban un paquete que daba miedo nada más que de pensarlo. No sé si al final alguno pudo resistirse a sus encantos aunque me consta que preferíamos dormir solos a tener que compartir cama con semejantes.

10.- Y en último lugar y no por ello menos importante me queda mencionar a la chinita que lo único que le faltó fue vendernos rosas, el ninja con cara de niño bueno que no daba miedo ni chispa y al jugador de fútbol que creo que aún está esperando a ser fichado aunque fuera por el vallecas juvenil.

Eh!! Que no me olvidado… ¿qué te pensabas? Tengo que mencionar a nuestra mesonera guapa que fue la que más sangría bebió de todos porque la tía lista se pilló una jarrita que me mandaba llenarla cada dos por tres. Ahí la mantenía fresquita todo el rato y entre gusanito y napoleónico se puso las botas.

El domingo pasó muy rápido. Entre que algunos se levantaron muy tarde ya que la noche anterior se le había convertido en amanecer y la resaca de tanto susto carnavalesco, nos sentamos a comer muy tarde. Y no nos dio tiempo a casi nada más que a limpiar un poco aquello, a hacernos las fotos de grupo, a llenarnos de abrazos, besos y papelitos con e- mails y teléfonos para no perder el contacto.

Sinceramente me dio pena que acabara aquello sobre todo por tener que despedirme de muy buenos amigos que eché allí y que por motivos de lejanía está la cosa difícil para vernos asiduamente. Pienso que en resumen la semana en Toledo fue satisfactoria, que aprendimos muchísimas cosas y no todas sobre transexualidad sino también aprendimos a convivir con gente que no conoces, a repartirte tareas y a darte cuenta que en el mundo no sólo habitan aquellos que piensan que nosotros no somos normales y por lo tanto no podemos vivir como tal.

La vida es siempre aprendizaje y este aprendizaje te sirve hacerte más grande gracias a otras personas que, buscando lo mismo que tú, te aportan lo bonito de la vida: la amistad. Toledo se resume en tres palabras: Aprendizaje, amistad y VIDA.

Por Pablo el Rojo

 

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