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ENCUENTROS
DE TOLEDO 2004.
No sería justo contar,
solamente, cómo transcurrieron esos días en Toledo. Está de más
decir que para que esos días pudieran celebrarse varias personas
trabajaron durante meses para prepararlo TODO con esmero. Parece fácil
pero no lo es. Había que buscar un sitio que nos interesara y que
llevara las tres “b”: Bueno, bonito y barato.
Después ponte a hacer la
propaganda. Que si un e-mail por aquí, un sms por allí, en plan
noticia lo pusieron aquí, en modo de post en cualquier foro activista
transexual y así miles de cosas para que llegara a todos los puntos
del país, a todos los chicos del estado.
Una vez que todos fuimos
informados e ingresamos el dinero, varios chicos (y también alguna
chica) se prestaron a hacer la compra. No penséis que la compra
constaba de tres yogures y dos bolsas de patatas… ¡no! Creedme si os
digo que el Carrefour pensó que en el domicilio de Javier y Ana había
más comida y bebida que en todos sus centros comerciales y llegaron a
temblar por su propia quiebra…
Yo mismo, cuando llegué a
Madrid un par de días antes de los encuentros (con Juan), y entré en
casa de Javier y Ana pensé que el murciano se había equivocado y me
había metido en el Corte Inglés en la sección de supermercado ¡oye
chato, que en Cartagena ya tenemos Corte Inglés, no hace falta que me
enseñes nada!. Ana pidió disculpas una y otra vez por el desorden que
tanta Fanta, tanto repollo y tanto papel higiénico formaba en la casa.
La nevera estaba a reventar, cada uno de los muebles de la cocina ídem
de lo mismo. El gato no sabía dónde dormir ¡no había sitio! ¡Cuando me
fui a duchar me encontré con cienes y cienes de huevos en la bañera!
(qué pena de familia… el marido trans, la mujer de los nervios, el
perro mareado, el gato sin saber dónde ponerse y encima llegamos el
místico y el broncas ¡para qué más!). Lo más gracioso es que para
cenar pedimos unas pizzas. Me hubiera gustado ver la cara de los
vecinos después de haberles visto meter en casa tanta comida y al rato
al motero del Telepizza.
Durante esos
dos días esperamos a gente que también venían con antelación para
ayudarnos a llevar toda esa comida en varios coches hasta la finca de
Toledo. Hubimos algunos que dimos dos viajes y entre tres o cuatro
descargamos y metimos las cosas en sus respectivos sitios en la que
sería nuestra casa durante una semana.
Esos días
trabajamos mucho y dormimos poco. Las ganas, los nervios y la ilusión
hicieron que todos durante la última noche en Madrid diéramos muchas
vueltas en la cama.
El ansiado
lunes llegó acompañado de una nube sospechosa que nos persiguió todo
el camino. La amenaza se convirtió en pequeños ratos de lluvia a la
que mirábamos caer con cara de pasmarotes desde uno de los pabellones,
como si fuera la primera vez que veíamos llover. Nos sirvió para
entablar rápidamente conversaciones disfrutando de la compañía de
viejos amigos que hacía tiempo que no veíamos y de algunos que
comenzaban a conocerse… Parecía que estábamos en la casa de Gran
Hermano pero sin súper, sin cámaras y sin “Mercedes Milás” pero eso
sí... Nickys éramos unos cuantos.
Tanto trabajo
nos dio hambre y además llegó la hora de comer (que creas que no
también influye) y a modo de campamento nos llamaron para sentarnos
en la mesa. Cada uno con su plato y sus cubiertos, cada cual más
interesante: desde unos que se llevaron el de la mili (no le dijimos
que sabíamos que era trans y que nunca le llamaron a filas, pero por
no quitarle la ilusión al chico…) otros que parecía que no les dio
tiempo a comprarse unos y se los quitaron al perro, otros que se los
trajeron de la vajilla de plata de la madre, otro matrimonio que se
trajeron tropecientos y que al final lo compartieron conmigo, ya que
al ver que mi plato parecía un flice-flice (o como se escriba) les di
un poco de pena.
El grupo de
cocina formado por tres o cuatro más uno que se unió de repente menos
otro que se le olvidó que formaba parte de ese grupo salía igual a
otros tres o cuatro. Éstos hicieron los mejores menús que vamos, que
ni en casa de uno. Salió todo de rechupete durante toda la semana.
Fue ahí cuando
me nombraron el latero oficial ya que, como otros, formaba parte del
grupo de actividades y entre todos nos repartimos en trabajo. Ser el
latero era importante, creedme. Sin mí, te deshidratabas y eso pues
tiene que doler. En algún sitio tenía que guardar el dinero de las
bebidas así que Jorge, como siempre tan atento y observador, nos trajo
un gofre al que no tengo palabras para describir. Llevaba su
mini-candado con su respectiva mini-llave que desapareció un día por
arte de magia (como otras cosas). Igual se nos ha olvidado poner en
los currículos de la web que tenemos un trans mago en el grupo… quien
sabe. A base de tirones, yo que tengo pinta de bruto, abrí el candado
y recuperamos el dinero y el súper-gofre para seguir guardando el
importe de las latas.
Después de
comer cada uno se recogía su plato… bueno, no todos. El grupo de
limpieza se tiraban buenos ratos detrás de uno y de otro chillándote
¡recoge tu plato! (¡qué poco aguante, madre! Qué pongo aguante!). En
fila india ahí nos colocábamos para lavarlos. Unos tardábamos un
minuto y medio en fregarlos, sin embargo recuerdo a uno que se lo tomó
tan en serio y si el plato era azul lo dejó transparente de tanto
frotar…un brillo… un aroma… como los jaspes! (como se dice en mi
tierra. Ahora, no me preguntes lo que es que nadie de mi tierra lo
sabe).
Tras las
comidas llegaban las sesiones de cine, documentales o derivados.
Contábamos con una sala repleta de sofás y de un par de arañas que
habitaban allí antes que nosotros (sino que se lo digan al pucelano el
brinco que dio cuando se vio una en la cara por el rabillo del ojo ¡ni
los trapecistas del circo con su salto mortal me impresionaron tanto
como el bote que dio este chico!). Pudimos ver, disfrutar y luego
comentar películas de temática de transexualidad masculina como: “Boys
don’t cry”, “Mi querida Señorita”, “Chicos-Chicas” “David no aguantó
ser Brenda”, “La verdadera historia de Brandon Teena”... entre otros.
Y además no
faltaron películas en DVD que también otro chico aportó de su casa
para amenizar los ratos libres. Una película que triunfó fue “Buscando
a Nemo”. Las risas se escuchaban tres fincas más para allá.
Durante todo
ese día fueron llegando más chicos y chicas y se armaban corrillos de
tertulia en cualquier rincón como el jacussi, en el césped, los
dormitorios…
La noche llegó
pronto y con ella el cansancio de un duro primer día. Los nervios se
relajaron, la ilusión seguía patente en el rostro de todos y mientras
unos se echaron a dormir otros nos apoderamos de los pabellones
exteriores (según el ruido que hiciéramos nos quedábamos en el de
dentro o en el de fuera). Lo teníamos todo. La botella de guisky, la
de bacardi, las risas, los amigos y al latero! Estaba todo perfecto.
Nos daban las tres y las cuatro de la mañana, riendo y hablando entre
historias y chistes. Esta actividad, no preparada, se repitió todas
las noches.
El segundo día nos
levantamos todos muy animados y con ganas de empezar otro día entre
amigos. Como primera actividad tuvimos a un fisioterapeuta de nuestro
gremio (no es que seamos todos fisios, sino trans) que nos enseñó cómo
corregir posturas para no fastidiarnos la espalda mientras, por
ejemplo, escribimos un artículo como este sentados en una silla. Nos
enseñó varios ejercicios cada cual con una postura más rara pero ahí
todos con sus más y con sus menos tuvimos nuestro rato oriental
poniéndonos que si la mano tras el cuello, la otra bajo el culo, una
oreja en la frente, las piernas dobladas, con las caderas apoyadas en
el suelo… en fin un número. Con una colchoneta, una silla y el marco
de una puerta hicimos ahí posturitas que ríete del kamasutra.
En el tiempo libre casi
siempre acabábamos en la piscina o bien tirados en el césped hablando
y riendo, como siempre. Otra cosa no, pero risas hubieron unas cuantas
estuviéramos donde estuviéramos. Los momentos piscina eran para
guardar. Como ya conté teníamos nuestro salvavidas peludo particular
no-trans (de momento) llamado Bruno. No tenía pantalón rojo ni
salvavidas en plan vigilante de la playa pero la verdad que observados
nos sentíamos. Otro chico, todos los días se hacía una media de
doscientos largos sin parar y sin mediar palabra con nadie. Cada uno…
podía hacer lo que quisiera. Así como otro que sugirió el concurso de
saltos y después de ver el suyo tan patético decidimos no participar
porque hasta el salvavidas lo haría mejor que él. Pero lo que nos
reímos nadie lo sabe. Contábamos con un par de colchonetas, un súper
Donete y un sillón de esos para tomarte un picoslabis (traducido al
castellano, refresco de aperitivo) flotando sobre el agua. Por
supuesto, como toda piscina, contábamos también con nuestra ducha de
agua helada, tan helada que allí no habíamos ninguno con subidón.
Estaba claro que el que se empalmaba era porque no se había duchado y
le llamábamos directamente tío guarro. No sé por qué… pero no hubo
ningún caso. Más risas nos daban cuando cualquiera, repito, cualquiera
intentaba subirse al sillón del picoslabis. Eso era un show total. El
que no acababa con la prótesis en el cuello, se caía por el otro lado,
o se le bajaba el bañador o simplemente lo dejaba por imposible.
Parece fácil pero no lo era, para nada. Bueno… había una chica que
tenía un estilo… a lo fino, vamos; se preparaba la colchoneta, se
subía al borde y cual la chica de Matrix de un salto se estampaba
contra la colchoneta y ahí se quedaba a vivir. Las chicas siempre han
sido más “apañás”.
En la tarde de
ese segundo día de convivencia algunos hicimos el vago y otros se
echaron un torneo de mini-golf. Por lo que cuentan se tiraron media
tarde en un hoyo y otra media tarde doblados de la risa. Además me
consta que los resultados fueron aplastantes y los menos malos ganaron
a los malísimos por demasiados puntos. Me han prohibido decir los
resultados reales para no hacer más leña del árbol caído (qué frase
más poética… se nota que es de Javier, eh?)
Entre un
ratito en el jacussi, tras una partida de futbolín (donde siempre
ganábamos los mismos jeje) y tertulias por un sitio y por otro llegó
la hora de cenar. Con las mismas algunos a la cama y otros, como no,
al pabellón después de raptar a las botellas y al latero. Esa noche
hubo monólogos de uno en concreto contando historias de su santa madre
consiguiendo que de las risas se pasaran a las lágrimas (pero de risa)
y donde el alcohol iba haciendo efecto y salían los chistes de todos
los colores. Eso sí, estábamos acompañados de todo bicho raro que la
naturaleza sabe crear (y no me refiero a nosotros los trans jeje) sino
a insectos mutantes de todos los colores y seguro que alguno también,
con esos caretos, esas patas y esos aguijones, padecerían una disforia
desconocida. Teníamos hasta nuestro batman particular rondando cada
noche por ahí. Oye… igual de madrugada se convertía en vampiro y en
vez de chupar sangre se dedicó a chupar botes de la nevera… ahí igual
está el enigma de las latas que faltaron…
Ya era miércoles y todos
menos cuatro o cinco se fueron a Toledo de visita cultural guiados por
un experto en historia también conocido como rey de espada de
plástico. Cuentan que lo pasaron muy bien, que hizo mucho calor, que
anduvieron bastante y que conocieron a más chicos trans que se pasaron
por allí para hacer una visitilla. Los que nos quedamos comimos de las
sobras ya que ese día la cocina estaba en una merecida huelga y tras
la siesta estuvimos deleitando con la guitarra cada cual a su estilo y
cada cual haciendo lo que sabía. Mientras iban llegando se iban
acercando al coro musical y hasta un clavelitos a tres voces que nos
marcamos. Si es que sabemos hacer de todo
J
.
Se hizo tarde
así que en un pis-pas ya nos habíamos duchado (casi todos… que
marranos también habían :P ) ya estábamos cenando y ya estábamos otra
vez de cubatas. Parece ser que no todos hacemos caso a aquello de
“Cuida tu hígado como tu mejor tesoro” con el tiempo nos acordaremos y
una de dos: o lloraremos lágrimas de sangre o gritaremos a viva voz
que “nos quiten lo bailao”
El jueves a la mañana tuvimos
el taller de prótesis. En él pudimos ver las tan habladas prótesis
para mear de pie, y con la ayuda de algunos materiales aprendimos a
hacer una de látex. Para comparar un poco con lo que podemos encontrar
en los sex-shop, mayormente, algunos trajeron las suyas propias que
usan en sus relaciones para llevar a la gloria a sus chicas y hacer
que toquen el cielo saluden a San Pedro y bajenJ.
Y bueno… como no, también hubo risas con algunas de ellas. Y es que el
mismo Rocco Sifredi era un picha corta ante semejante látex que
alguien trajo diciendo que era la suya. Yo, realmente, pensé que era
la del elefante del zoológico de Elche… en fin… no quiero dar nombres.
Al medio día comida otra vez,
como siempre exquisita. Tras un video-forum preparamos un partido de
Voley. Formamos dos equipos y la verdad es que ninguno sabía jugar en
condiciones. Empezando que la media entre todos es de metro y medio
imaginaros por dónde nos quedaba la red. Más bien como si no
existiera; teníamos que ponernos gafas de sol (aquellos a los que no
se la robaron) o en su defecto gorras para mirar hacia arriba y buscar
la red sin que el sol nos dañara la vista. Hubo un equipo que dio la
nota y no en puntos, todo sea dicho. Era un equipo especial. Jugaban
hasta con los dientes! Ni con esas nos pudieron, ganamos dos sex a unoJ.
Ah! En este partido además del que jugaba con los piños hubo uno que
besó el suelo de un batacazo y otro que se hizo una contrastara en una
pierna por intentar llegar a la parte baja de la red en un salto. Aún
teniendo al fisio en el equipo contrario reinó la deportividad y éste
me deleitó (porque lo confieso, el contrasturado fui yo) con un masaje
milagroso poniéndome la pierna otra vez en orden en un abrir y cerrar
de ojos.
A la noche, como siempre,
después de cenar los grupos se separaban en dos; en los que
descansaban y en los que trasnochábamos aunque tengo que decir que el
grupo de trasnochadores cada vez se hacía más grande… por algo sería
J
Un taller muy
esperado fue el del viernes. El Taller de Perillas, Barbas y Patillas.
Los más avanzados nos dieron unas clases de afeitados para dejar una
barba en condiciones con unas patillas chulas y hasta la mosca de la
barbilla perfecta y casi todos, unos tapando las zonas en las que aún
no sale pelo y otros que todavía no han empezado, nos pusimos barbas,
perillas y patillas. La verdad que el aspecto de la gente cambiaba
pero un montón. No recuerdo a nadie que le quedara mal. Por lo tanto
puedo decir que, en un futuro no muy lejano, todos estaremos
guapísimos.
Durante todo este día del
viernes fue llegando más gente a la finca. Otra vez casi vuelta a
empezar conociendo gente nueva y saludando a viejos amigos. Estaba
todo lleno de gente… la mesa de la comida tuvo que prolongarse para
que cupiéramos todos. Los de cocina tuvieron que hacer nuevos cálculos
para la comida. Hubo cambios de habitaciones. Se veía a uno cargado de
maletas por un pasillo. Al otro con el saco bajo en brazo preguntando
que dónde dormiría ahora y así durante un buen rato.
Por la tarde tuvimos el
partido de fútbol. Bueno, más bien de futbolín ya que el campo de
fútbol estaba lleno de hierbajos que nos llegaba por la cintura…
bueno, a los más altos por la rodilla pero aún así era imposible de
jugar. Y ¿sabéis? Casi mejor eso de jugar en un campo más pequeño
porque aún así terminamos todos para el arrastre. Si soy sincero no me
acuerdo de cómo quedó el marcador. La cosa estuvo muy igualada. Casi
puedo decir que el partido de fútbol fue el más polémico de todas las
actividades que preparamos. Había más pique, sobre todo con el / los
árbitros (porque hubieron tres durante todo el partido) que eran
cegatos perdidos… menos el último que supo imponerse, echarse las
críticas a la espalda, ser más neutral y pitar el partido en
condiciones. Pero es que los primeros árbitros… recuerdo que el
primero fue Javier que creo que no ha visto un partido de fútbol
entero en su vida. Duró dos minutos con el silbato en la boca… al
pobre lo echamos y como es un pedazo de pan, no dijo nada y marchó
cabizbajo y resoplando (pero yo sé que por dentro estaba más feliz que
unas castañuelas porque no tenía ninguna gana de arbitrar a 10 locos
del balón). Teníamos un marcador humano, con sus correspondientes
papeles pero también los descalificamos porque no había encontrado el
1-0 cuando ya íbamos 2-0. ¡Qué brutos y qué poca paciencia tuvimos!,
la verdad. Aún así pues sirvió para hacer deporte, unos más que otros…
sin nombrar a nadie recuerdo a alguien que tardó más en ponerse su
camiseta y las deportivas que lo que duró en el campo. Fuimos a hacer
un cambio para que saliera él ya que sólo había jugado 3 minutos y lo
pillamos que se iba cojeando como que disimulando pero sin el como.
Así pues, que hubo de todo.
Casi se hizo la hora de
cenar y nos costó más mandar a todos a la mesa. Esa noche cenamos en
el pabellón de fuera porque teníamos barbacoa o bien platos de
colesterol, como yo les llamo. Esa noche sí que se amplió el grupo de
los trasnochadores sobre todo porque venían para menos días y tenían
que aprovechar el tiempo al máximo.
El sábado
teníamos preparado un taller de parejas que finalmente quedó
suspendido y que podremos realizar en próximos encuentros. Por lo
tanto hubo gente que decidió hacer una escapada a Talavera o quedarse
tranquilito tomando el sol ya que por la tarde teníamos la esperada
gymkhana que merece mención aparte por lo mucho que nos divertimos y
las risas que echamos jugando.
Yo no
participé en la gymkhana. Verdaderamente estaba muerto de todo el
ajetreo de la semana y decidí echar un mus con tres amigos más. Aún
así, los de la gymkhana tenían la finca revolucionada. Hicieron
equipos y para diferenciarse cada equipo llevaba un lazo de un color.
Unos optaron por ponérselo en la muñeca, que es lo más normal, sin
embargo otros se lo pusieron en el cuello, otros de brazalete y el más
atrevido que se lo puso tipo ninja en la frente. Si cuando yo digo que
hubo de todo…
Os puedo
contar que algunas pruebas fueron: el balón prisionero, una carrera
metiendo agua de una botella en otra con la única ayuda de una pajita,
la carrera lenta (ganaba el que más lento fuera), otra carrera con
todos los de un equipo con los cordones de las deportivas atadas, una
prueba de hacer reír al contrario, el famoso pañuelo, otra carrera de
sacos (que cabe destacar que el abuelo fue el máximo campeón en esta
categoría), recoger en la piscina globos del mismo color de tu
equipo...
Me cuentan los que
participaron que es difícil plasmar con palabras lo bien que se lo
pasaron en la gymkhana puesto que fue tanta la diversión, las risas,
las caídas que para saber cómo se pasa hay que participar.
Llegamos al
sábado por la noche y uno de los pabellones fue adornado de arriba
abajo con globos, farolitos, bombillas de colores y todas esas cosas
para la gran fiesta de disfraces. Hubo momentos de karaoke, dignos de
olvidar casi, y de bailoteo que casi fue peor. La noche fue animada
también por una sangría suave que entraba como el agua y que hizo que
muchos volcaran casi textualmente. Y bueno… los disfraces; esto es
para hacer un estudio concreto con cada uno de ellos.
1º.- El burro delante para
que no se estampe… me describo El íbero sin botas: Me fui a la época
del General Publio C. Escipión y Aníbal, el Cartaginés para
conmemorar las fiestas de mi tierra. Llevaba una túnica que
mínimamente me tapa el calzoncillo entero (pero leyendo lo que viene
detrás, no me avergüenzo para nada) una coraza de cuero con faldetas,
capa y espada. Así dicho queda muy chulo pero no llamé nada la
atención ya que hubo otros descarriados que me quitaron protagonismo a
tope.
2º.- Por poner un ejemplo el que vino de
la época de Napoleón representando al susodicho aunque con su gorro
pareciera más bien un cocker spaniels. La verdad que con lo estratega
que fue dicho emperador y lo poco que imponía el nuestro
J
3º.- Y otro que optó por
ir de época como fue el Rey de Espada de plástico (le puse ese mote ya
que no sabía cual era su reino) y que bueno, su corona no era de la
Casa Real precisamente. Pero ahí iba él con paso firme y decidido
intentando hacerse un poco de respetar como Rey que era. Por lo visto
y por el poco respeto que le tuvimos (ya que nos reímos de él igual
que de otros) llego a la conclusión de que allí había mucho
republicano suelto.
4º.- También fue una
representación de nuestro tan admirado Clero. Un obispo y un cardenal,
ni más ni menos. Pero eran mucho más tolerantes que otros obispos
conocidos y el cardenal la verdad, que de Cisneros no tenía nada. Uno
se pasó la noche pegado a la botella de whisky y el otro detrás de una
cámara de video. ¡Hasta dónde vamos a llegar! Ya hasta la Iglesia deja
a un lado sus obligaciones. Yo me intenté confesar un par de veces y
las dos veces, el cardenal me mandó… a por hielos. Así que sigo
teniendo los mismos pecados de siempre.
5º.- El susto fue cuando
llegó la pasma. Imaginaros… ¡casi todos con nombres falsos! Si se pone
a cachearnos se hubiera quedado un poco sorprendida porque nuestra
policía particular era una mujer y tenía la porra más grande que
cualquiera de las nuestras. Imponía, señores, imponía.
6º.- Nos vamos ahora a los
cuentos. Yo recuerdo cuando mi madre me contaba cuentos de pequeño
para dormirme. Y precisamente el que mejor recuerdo era el de
caperucita roja y, según mi madre, ésta era una niña pequeña con una
cara dulce que vestía un vestido blanco con una capa con capucha roja.
Además portaba una cesta de mimbre con miel para llevársela a su
abuelita que estaba enferma. Bien, hasta ahí bien. Pues después de lo
visto me he quedado un poco trastornado. Resulta que ahora Caperucita
Roja lleva el pelo desaliñado, una barba bien poblada, usa deportivas,
se sienta con las piernas abiertas y ¡fuma porros! Normal que me digan
que ser transexual es a causa de un trauma… yo no sé si lo mío viene
de un trauma pero lo que está claro que ahora, después de cambiarme el
cuento de esta manera, sí que necesito un psiquiatra.
7º.- Hubo uno que rescató
una camisa de los años 80, se puso unos vaqueros, unas pistolas y se
clavó una estrella en el pecho y llegó preguntando: ¿hay indios en la
costa? No, sheriff, en nuestras costas sólo hay moros. Además ¿te
imaginas un indio trans? Supongo que si los hubo tuvieron que pasarlo
mal para quitarse la pluma.
Lo que hubiera estado bien
es que se hubiera entrelazado con el pirata de nuestra fiesta. No es
un indio, pero el indio lo hacía bastante bien aunque de pirata lo
hacía mejor ya que siempre que miraba tenía entre sus brazos a una
chica diferente. Seguro que les prometía el oro y el moro de nuestras
costas y luego tras “levantar el ancla” partía a otro puerto
desconocido a engañar a otra señorita. Los murcian… que diga, los
piratas, son así.
8º.- Tuvimos un rapero
malo que le gustaba oír música de gitaneo aunque casi mejor porque con
su acento medio catalán medio leonés no le veo yo cantando eso de : ¡Ey,
pijo, de qué vas!
9º.- Golfas, guarras,
chicas de la calle, y putas de lujo tuvimos unas cuantas y ninguna era
mujer. El completo estaba a 60 euros y marcaban un paquete que daba
miedo nada más que de pensarlo. No sé si al final alguno pudo
resistirse a sus encantos aunque me consta que preferíamos dormir
solos a tener que compartir cama con semejantes.
10.- Y en último lugar y
no por ello menos importante me queda mencionar a la chinita que lo
único que le faltó fue vendernos rosas, el ninja con cara de niño
bueno que no daba miedo ni chispa y al jugador de fútbol que creo que
aún está esperando a ser fichado aunque fuera por el vallecas juvenil.
Eh!! Que no me olvidado…
¿qué te pensabas? Tengo que mencionar a nuestra mesonera guapa que fue
la que más sangría bebió de todos porque la tía lista se pilló una
jarrita que me mandaba llenarla cada dos por tres. Ahí la mantenía
fresquita todo el rato y entre gusanito y napoleónico se puso las
botas.
El domingo pasó muy
rápido. Entre que algunos se levantaron muy tarde ya que la noche
anterior se le había convertido en amanecer y la resaca de tanto susto
carnavalesco, nos sentamos a comer muy tarde. Y no nos dio tiempo a
casi nada más que a limpiar un poco aquello, a hacernos las fotos de
grupo, a llenarnos de abrazos, besos y papelitos con e- mails y
teléfonos para no perder el contacto.
Sinceramente me dio pena
que acabara aquello sobre todo por tener que despedirme de muy buenos
amigos que eché allí y que por motivos de lejanía está la cosa difícil
para vernos asiduamente. Pienso que en resumen la semana en Toledo fue
satisfactoria, que aprendimos muchísimas cosas y no todas sobre
transexualidad sino también aprendimos a convivir con gente que no
conoces, a repartirte tareas y a darte cuenta que en el mundo no sólo
habitan aquellos que piensan que nosotros no somos normales y por lo
tanto no podemos vivir como tal.
La vida es siempre
aprendizaje y este aprendizaje te sirve hacerte más grande gracias a
otras personas que, buscando lo mismo que tú, te aportan lo bonito de
la vida: la amistad. Toledo se resume en tres palabras: Aprendizaje,
amistad y VIDA.
Por
Pablo el
Rojo
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