Re-construyendo la identidad masculina : sexualidad e identidad de género
Tradicionalmente en la cultura occidental, la identidad de
género y la orientación sexual han ido siempre cogidas de la mano,
especialmente en el caso de los hombres, por ser siempre estos los
individuos domi “La homosexualidad en la persona transexual es al principio un factor más de desconcierto, tanto para la misma persona transexual como para las personas de su entorno. La solución está en el conocimiento de la diferencia e independencia de los conceptos de identidad sexual y de orientación sexual; una cosa es aquello que nos sentimos y otra lo que nos atrae. Pero después viene el miedo al rechazo; pongámonos en la piel de un hombre transexual y homosexual: ¿podemos esperar que un hombre homosexual y no transexual pueda mantener relaciones sin problemas con otro hombre con atributos femeninos? Si nosotros mismos, por ser homosexuales, podemos sentir rechazo hacia un cuerpo de mujer, es natural que esperemos reticencias de otros hombres homosexuales. La encerrona se completaría con la imposibilidad de disfrutar también de relaciones con hombres que sólo advierten tu sexo biológico. Así que el remedio (o la suerte) pasa por encontrar parejas lo suficientemente capaces de abstraerse, de 'cambiar el chip', de ponerse en tu lugar y empatizar contigo, algo que por definición encontramos dentro del mismo colectivo trans y que tal vez sea la explicación de cierto nivel de endogamia entre sus miembros, que da lugar a combinaciones que muchas veces dejan perplejas a personas que no han tenido que enfrentarse a esta problemática. “ Ante una persona que afirma ser transexual y gay, muchos se plantearán la siguiente duda: ¿por qué seguir un tratamiento tan agresivo, costoso y doloroso como es la reasignación sexual, si en teoría lo tienes relativamente fácil para hallar pareja…? Esto probablemente después de las intervenciones será más dificultoso. Entonces, ¿para qué complicarse la vida así…? Parecería que se trata de buscarse obstáculos donde antes no los había. La respuesta vendría ser: por lo mismo que un hombre transexual heterosexual decide complicarse la vida igualmente en lugar de comportarse como una mujer lesbiana, lo que sería más fácil, siguiendo el razonamiento del que hemos partido. ¿Qué ocurre, entonces, que a las personas transexuales nos gusta complicarnos la vida…? Pero es que la cosa va más allá. Este razonamiento del que hemos partido tampoco parece entender la realidad de los hombres y mujeres no transexuales cuya orientación sexual es la homosexual. Parecería reducir al hombre homosexual a una suerte de caricatura de lo que es una mujer (heterosexual, por supuesto), y a la inversa. Es decir, reduciría la orientación sexual a la identidad de género. Cualquier hombre o mujer homosexual respondería a esto con el convencimiento de que su orientación sexual no determina de forma absoluta la relación que mantienen con su cuerpo ni con su identidad femenina o masculina. Es decir, la orientación homosexual en un hombre o mujer no transexuales no produce el deseo inmediato de pertenecer física ni psicológicamente al sexo contrario, al género contrario, y esto es bastante evidente y comprobable. Concluiríamos de esto que ser homosexual para un hombre o una mujer es simplemente otra manera de vivir su género, de vivir la masculinidad o la feminidad, de ser hombre o de ser mujer, fuera de los roles sexuales y de género tradicionalmente impuestos por la sociedad. ¿Quién es capaz de dominar sus propios impulsos sexuales…?¿Quién es capaz de elegir su orientación sexual…? Probablemente habrá personas que afirmen ser capaces de ello. Pero para el común de los mortales, la tarea parece bastante ardua. La orientación sexual, venga determinada por causas biológicas o educacionales, según qué teoría lo exponga, no parece ser algo demasiado dominable en un principio. ¿Por qué, entonces, las personas transexuales deberíamos ser una excepción…? Nosotras y nosotros no hemos elegido nuestra identidad sexual, ¿por qué deberíamos responder de forma tajante a unos estereotipos de hombre y mujer que incluyen la heterosexualidad en un paquete de conductas, por qué deberíamos responder a un solo modelo de hombre y de mujer….? Nosotros tampoco hemos podido elegir nuestra orientación sexual. Ya seamos hombres o mujeres transexuales, y además de esta circunstancia, heterosexuales, homosexuales o bisexuales, esto no hace más que afirmar nuestra identidad sexual y construir la feminidad o masculinidad que constituye la identidad de género. Sin embargo, al igual que todo hijo de vecino, nos vemos presionados por los estereotipos sociales y por la premisa “si soy hombre, esto significa que en un principio debo sentirme atraído por las mujeres, si soy mujer, que debo sentirme atraída por los hombres”, lo cual, volviendo al testimonio del principio, dificulta la comprensión de nuestra propia identidad y nos desconcierta aún más. Ser hombre transexual y homosexual no facilita las cosas. El cuerpo supone la misma barrera que para quien estando en la misma circunstancia es heterosexual. El cuerpo no nos permite expresarnos como hombres o como mujeres en la mayoría de los casos, y supone un obstáculo doloroso. El cuerpo supone para nosotras y nosotros una barrera que dificulta y a veces impide la comunicación de nuestra afectividad y nuestra sexualidad. Y esto nos provoca un sufrimiento personal evidente. ¿A quién no se lo provocaría…? En estas circunstancias, a veces la propia situación hace que uno sea capaz de mirar más allá de la realidad meramente corporal del otro. La sexualidad es mucho más que la mera genitalidad. Es frecuente que las personas transexuales, y sus parejas, sean o no transexuales, demuestren que los estereotipos y los prejuicios se vienen abajo cuando se mira a la persona en su conjunto. Es necesario que los profesionales de la psicología y la medicina tengan muy en cuenta lo anteriormente expuesto. Uno de los parámetros para certificar a una persona que es transexual no debería ser nunca su orientación sexual. Esto no es más que otra barrera más que las personas transexuales debemos saltar para poder acceder a nuestro tratamiento. Estamos cansados y cansadas de tener que representar el papel de un estereotipo social rancio para ser “tomados en serio”. En los tiempos que corren, la identidad masculina tradicional está siendo constantemente revisada, puesta en duda y criticada. Se trata de recomponer una estructura teñida de autoritarismo y afán de dominio, de un aparato represor de sí mismo y del otro. El movimiento gay y las diversas corrientes dentro del pensamiento feminista han dicho mucho acerca de esta reconstrucción del concepto de masculinidad hacia nuevos valores. No hace falta, desde nuestra perspectiva, reivindicar el concepto de transgénero para llegar a una masculinidad liberadora y no autoritaria ni represiva. Somos hombres desde el momento en que somos conscientes de nuestra identidad y no vamos a renunciar a esta identidad ni por barreras físicas ni sociales. Más bien, vamos a luchar por una masculinidad renovada y capaz de integrar la riqueza que la diversidad supone en el ámbito de la orientación sexual. Miguel Ángel Fas Mario Rodríguez (El Hombre Transexual)
|