SEXUALIDAD
El cerebro, un órgano sexual
M. L. BLANCO
"Mi padre hizo lo imposible por
cambiarme, pero no hubo manera, yo le tenía horror a mi sexo".
Fue como si toda mi vida hubiese
estado encerrada en la cárcel, y, de pronto, después de pasar
aquellas horas en el quirófano, el horizonte se abrió ante mi.
Porque cuando naces con una mentalidad de mujer, atrapada en un
cuerpo de hombre, la lucha es constante hasta que consigues
salir».
Así describía su experiencia de cambio de sexo Yeda Brown -la
primera transexual que llegó a España en los años 70- en un
programa reciente de televisión. Pero tanto Yeda como Paolo, el
nombre que le dieron al nacer, tuvieron siempre bien claro a qué
género pertenecían, por lo menos mentalmente. Y ahora los
hallazgos en neurobiología están demostrando que es justo ahí,
en la mente, donde se encuentra la clave.
Puede que pronto, la escena de la comadrona al pie de la cama
exclamando ¡es niño! o ¡es una niña!, al ver los genitales
externos del recién nacido, sea una costumbre obsoleta, porque
los investigadores cada vez están más seguros de que el órgano
sexual más importante es el cerebro. Estudiando el cerebro, los
científicos han hallado tres evidencias en los últimos años que
están evolucionando los rígidos esquemas socioculturales para la
clasificación del sexo.
Los tres estudios han demostrado que es en el cerebro donde
están las huellas de la variabilidad sexual: las diferencias
entre hombre y mujer, la identidad de género -sentirse mujer u
hombre, independientemente del sexo civil que se tenga- y la
orientación sexual.
Por un lado, las imágenes de los cerebros de un hombre y de una
mujer activados de forma distinta durante determinadas tareas
lingüísticas dieron la vuelta al mundo. Shaywitz y su equipo
demostraron que los cerebros de los hombres eran biológicamente
diferentes a los de las mujeres en cuanto al lenguaje. Por otro
lado, Simon LeVay, un neurobiólogo inglés, estudió los cerebros
de un grupo de homosexuales que habían muerto de sida y encontró
una zona que les diferenciaba de los heterosexuales y que les
asemejaba a las mujeres. La zona, llamada núcleo intersticial
del hipotálamo humano 3 (INAH 3), participa en la conducta
sexual típicamente masculina y es mayor en los hombres que en
las mujeres. El grupo de homosexuales estudiados por LeVay
resultó tener estos núcleos celulares pequeños, como los de las
mujeres, lo que hizo pensar en una explicación biológica para la
homosexualidad.
Estudios genéticos
En 1993, poco después de estos hallazgos de LeVay, Dean Hamer y
su equipo publicaron en Science otros hallazgos sorprendentes
que relacionaban la homosexualidad masculina con una región en
el brazo largo del cromosoma X, -técnicamente denominada Xq28.
Las sospechas de que la homosexualidad en hombres era
hereditaria surgieron a raíz de un estudio realizado también por
Hamer con varias familias en las que había, por lo menos, dos
hermanos homosexuales.
Los investigadores se propusieron averiguar si había otros
miembros de estas familias con la misma orientación sexual y
encontraron que había dos clases de parientes en los que
aumentaba la homosexualidad: los tíos maternos y los hijos de
las tías maternas. Una de las explicaciones más probables que se
les ocurrió para entender esta línea materna fue que debía de
existir un gen o genes de la homosexualidad localizados en el
cromosoma X, que es el que se hereda de las madres. De ahí que
empezarán a rastrear el ADN del cromosoma X hasta que dieron con
la región. Hoy, todavía no se sabe nada del gen o genes
implicados.
El tercer estudio, y el más reciente y polémico, se debe a Zhou
y sus colaboradores holandeses, del Instituto para la
Investigación del Cerebro de Amsterdam, que el pasado mes de
noviembre sorprendieron a todos con un estudio posmortem con
transexuales que apareció publicado en la revista Nature. Se
trata del primer trabajo que ha logrado demostrar que hay
estructuras cerebrales femeninas dentro del cerebro de
individuos transexuales genéticamente masculinos, es decir,
individuos nacidos con el cromosomas XY y con genitales
masculinos, que se habían operado para cambiar su sexo por el de
una mujer.
Es la primera prueba que justifica el fuerte sentimiento que
tienen los transexuales desde pequeños de haber nacido con el
sexo erróneo. Los investigadores llevaban mucho tiempo tratando
de encontrar una pista que explicara la transexualidad habían
buscado en sus genes, en sus gónadas, en sus genitales, en los
niveles de hormonas, hasta ahora sin ningún resultado.
El estudio de los transexuales es especialmente difícil porque
no hay modelos animales en los que poder basarse, no se ha
encontrado ningún animal con problemas de identidad de género.
Pero, a pesar de ello, se las apañaron para buscar entre la
maraña neuronal una estructura que fuese sexualmente
diferenciada, pero que no tuviese nada que ver en la orientación
sexual -ya que los transexuales no tienen una orientación sexual
determinada: se pueden sentir atraídos hacia cualquiera de los
dos sexos, hacia los dos indistintamente o hacia ninguno.
Tardaron 11 años en recopilar todo el material necesario para el
estudio: los cerebros de seis transexuales. Después de buscar en
varias zonas, encontraron la región cerebral que a puesto a
estas personas en el candelero en las últimas semanas. Es una
zona del hipotálamo llamada núcleo de la estría terminal (BSTc,
según las siglas inglesas), que se sabía que era mayor en los
hombres que en las mujeres. Y ahora, Zhou y su equipo han
descubierto que los transexuales tienen un BSTc como el de las
mujeres.
La conclusión del estudio es que la identidad de género se
invierte cuando se altera la interacción entre el cerebro en
desarrollo y las hormonas sexuales a las que está expuesto el
feto antes del nacimiento; por otro lado, según los resultados
del trabajo, la transexualidad masculina parece ser algo
totalmente independiente de las hormonas tomadas durante la edad
adulta y de su orientación sexual. Estas conclusiones hacen
tambalear la idea de que los transexuales no nacen, sino que son
un producto de la sociedad.
Para asegurarse de que esta zona BSTc era la responsable del
estado transexual por sí sola, el equipo de Zhou realizó otras
comprobaciones. Por un lado, se aseguró de que el tamaño de los
BSTc de hombres homosexuales y heterosexuales era parecido, y de
que no había ninguna diferencia que relacionara a esta zona con
la orientación sexual de los transexuales. Tampoco encontró
diferencias estructurales entre los transexuales tardíos y los
que se dieron cuenta de su condición a una temprana edad, lo que
reforzó la idea de que esta región cerebral tampoco está
relacionada con la edad a la que se hace evidente.
En realidad, es bien poco lo que se conoce del cerebro y queda
mucho por averiguar. Tal y como apuntó uno de los colaboradores
de Zhou, el profesor Louis Gooren, durante las jornadas sobre
«La evolución de la sexualidad y los estados intersexuales»
celebradas la semana pasada en Madrid, ni siquiera hay consenso
sobre si las regiones halladas por LeVay en el cerebro de los
homosexuales son las responsables del dimorfismo sexual.
En cualquier caso, lo que sí han logrado estos tres estudios
neurológicos es empezar a romper los rígidos esquemas con los
que se ha venido clasificando el sexo. Y los afectados, si es
que se puede llamar afectados a los que se identifican con una u
otra situación, empiezan a reivindicar con más fuerza que nunca
que se les trate como iguales. La presidenta del Centro de
Identidad de Género, Mercedes Camacho, asegura que cada semana
les llegan al centro entre 30 y 35 cartas pidiendo ayuda de
individuos transexuales, femeninos o masculinos, que han sido
marginados por su familia o por la sociedad. «Ser transexual no
es un capricho, no somos mariquitas operadas y ahora hay
estudios que lo demuestran. La gente piensa que cambiar de sexo
es un drama, pero no es más que un tránsito, un paso».
El término transexual sigue siendo un término médico que figura
en la sección de psiquiatría de la Clasificación Internacional
de las Enfermedades como una patología grave que causa
sufrimiento a muchas personas. Sin embargo, el término
homosexual ya no aparece como tal en la última edición de este
libro. Cada vez está menos claro qué es lo normal y qué es lo
anormal o patológico en cuestiones de sexo. "La palabra
transexual es un término patológico, o sea que implica algo
contra lo que se debe luchar. Y, en realidad, no es más que una
decisión, una cuestión de elegir con qué sexo quieres vivir.
Debería eliminarse porque puede influir negativamente en muchas
personas. Pero, como estas cosas van por mutuo acuerdo, cuando
un grupo de personas decidan que no es una enfermedad, dejara de
figurar como tal", afirmaba el doctor Gooren.
Simon LeVay, que también intervino en las jornadas sobre
sexualidad, dejó bien claro que el propósito de estas
investigaciones no es el de tratar de encontrar la raíz de un
problema, como si, en su caso, determinada orientación sexual
fuese más o menos saludable que la heterosexualidad, sino
entender mejor los aspectos de la diversidad sexual humana.
Salud sexual
Dean Hamer, en su libro titulado «La ciencia del deseo» aboga
por la creación de un Centro Nacional para la Salud Sexual,
porque cree que la sexualidad es un aspecto de la vida humana lo
suficientemente importante como para merecer una atención
especializada. El conocimiento de las diferencias y similitudes
entre los sexos arrojaría más luz sobre algunas enfermedades y
algunas terapias que funcionan con patrones distintos según los
sexos.
Otros, sin embargo, no están muy seguros de que todo ese
conocimiento vaya a beneficiar a los grupos implicados. Después
de la publicación de los hallazgos genéticos de Hamer que
identificaban una región del cromosoma X relacionada con la
homosexualidad, apareció reflejado en la Prensa el miedo a que
la ciencia fuese capaz de erradicar la homosexualidad si se
demostraba finalmente hereditaria. El mes pasado, un editorial
de la revista The Lancet concluía que quizás la única manera de
proteger a estos grupos es reconocer, a través de más
investigación, la importancia de la sexualidad en la salud y en
la enfermedad de los seres humanos.